Jérémy Blasco apenas había completado dos sesiones con sus nuevos compañeros cuando Raúl Llona le colocó en el once ante el Sant Andreu. Erik Ruiz también aterrizó con la Liga ya en marcha y sin haber podido realizar la pretemporada con el grupo. Los últimos centrales en incorporarse están aprendiendo los mecanismos del nuevo Ibiza mientras compiten. Y, entretanto, detrás ha aparecido una secuencia interesante: tres goles encajados en Antequera, uno ante el Majadahonda y ninguno en la última jornada.
Dos entrenamientos.
Eso fue prácticamente todo el margen que tuvo Jérémy Blasco antes de escuchar su nombre en el once inicial de la UD Ibiza frente al Sant Andreu.
Acababa de aterrizar en la isla. Apenas había compartido sesiones con sus nuevos compañeros y todavía estaba descubriendo sobre el césped muchas de las cosas que Raúl Llona exige a su última línea. No hubo semanas de adaptación ni amistosos para ir entrando poco a poco.
Llegó y jugó.
El propio central encontró este jueves una manera bastante gráfica de explicarlo durante su presentación: «Fue más un partido por instinto».
Noventa minutos después, el Ibiza había conseguido algo que todavía no había logrado esta temporada: acabar un encuentro sin recibir gol.
No todo puede explicarse por la presencia de un futbolista ni una portería a cero permite considerar resueltos los problemas defensivos de un equipo. Pero detrás de aquel 2-0 aparece una circunstancia interesante. La defensa del Ibiza está intentando hacerse fiable mientras algunas de sus piezas todavía se están conociendo.
No ha tenido demasiado tiempo para construirse.
El campeonato empezó antes.
Una defensa sin periodo de prueba
La situación de Erik Ruiz no ha sido demasiado diferente.
El central llegó en los últimos movimientos del mercado procedente del Zamora y se incorporó cuando la temporada ya estaba en marcha. Mientras buena parte de la plantilla había acumulado semanas de entrenamientos, amistosos y correcciones durante el verano, él tuvo que entrar directamente en una dinámica competitiva.
Su conversación inicial con Llona fue bastante sencilla: había que acelerar.
Ruiz asegura que ya se encuentra cerca de la exigencia física del grupo porque había seguido entrenándose antes de incorporarse. Pero una cosa es llegar preparado físicamente y otra diferente conocer todas las respuestas que requiere una nueva estructura defensiva.
Cuándo saltar. Cuándo temporizar. Qué distancia mantener con el lateral. Cómo reaccionar cuando el compañero abandona zona. Dónde colocarse cuando el equipo quiere defender lejos de su portería.
Son automatismos que normalmente necesitan horas juntos.
Al Ibiza le está tocando acumularlas con puntos en juego.
Del 3 al 1 y del 1 al 0
Las tres primeras jornadas han dejado una secuencia que merece ser observada sin convertirla todavía en tendencia.
Antequera: tres goles recibidos.
Rayo Majadahonda: uno.
Sant Andreu: ninguno.
3-1-0.
El estreno en El Maulí mostró la versión más vulnerable. El propio Llona fue especialmente crítico después del encuentro por la manera en la que su equipo había concedido dos acciones de estrategia y una transición originada tras una jugada a balón parado propia.
Una semana después, el Majadahonda también consiguió marcar en Can Misses y llevó el partido hasta un 1-1 que solo rompió Georges Nsukula en el descuento.
Contra el Sant Andreu llegó finalmente el cero.
Y tampoco fue un partido en el que el rival desapareciera alrededor del área ibicenca. Andrés Prieto tuvo que intervenir y Pablo Busto llegó a evitar prácticamente sobre la línea una de las ocasiones visitantes.
La diferencia estuvo en el desenlace.
Por primera vez, el Ibiza sobrevivió a esos momentos sin pagar un gol.
Blasco tuvo que tirar de instinto
Ahí apareció Jérémy Blasco.
Su situación resulta especialmente llamativa porque un central depende en gran medida de la coordinación con quienes tiene alrededor. Y él prácticamente no había tenido tiempo para desarrollarla.
Llegó cedido por el Radomiak Radom polaco, completó dos entrenamientos y fue directamente al once.
«Al verde», como él mismo resumió.
Lo hizo además después de una etapa en Polonia que no estaba desarrollándose como esperaba. La posibilidad de incorporarse a un proyecto que aspira a regresar a Segunda le devolvió un escenario conocido: Blasco acumula una amplia experiencia en la categoría de plata y también conoce Primera Federación.
Pero conocer la competición no significa conocer al compañero que tienes a tres metros.
Eso se aprende jugando.
Y su primera experiencia en Can Misses terminó con un 2-0.
Ruiz llegó para cerrar una necesidad
La incorporación de Erik Ruiz responde también a cómo quedó configurada la plantilla durante las últimas semanas de agosto.
Llona había reconocido antes incluso del comienzo del campeonato que necesitaba otro central. El Ibiza quería cuatro especialistas para una posición en la que consideraba insuficiente afrontar la temporada con tres.
Ruiz terminó completando esa necesidad.
Zurdo, con experiencia acumulada en Primera Federación y después de quedarse la pasada campaña a las puertas del ascenso con el Zamora, aterrizó con una idea bastante clara de lo que espera de un equipo que pretende instalarse arriba.
Primero, cerrar.
«Somos conscientes de que lo importante es cerrar la puerta de atrás», explicó este jueves.
La frase encaja con lo ocurrido durante las primeras semanas. El Ibiza ha demostrado que tiene futbolistas capaces de marcar —sus seis goles ligueros pertenecen a seis jugadores diferentes—, pero necesitaba reducir lo que concedía en el otro área.
Ruiz confía en que la calidad ofensiva termine generando oportunidades y goles. Su preocupación empieza unos metros más atrás: conseguir que el equipo sea competitivo también cuando no tiene la pelota.
De rivales a compañeros
Hay además una pequeña historia dentro de la llegada simultánea de los dos últimos centrales.
Ruiz y Blasco se conocían de enfrentarse.
Ahora comparten vestuario.
Los dos son vascos y Ruiz reconoce que esa coincidencia ha ayudado a generar rápidamente una buena relación entre ellos, aunque destaca la acogida del grupo completo.
Puede parecer un detalle menor, pero para dos jugadores incorporados con el campeonato comenzado cualquier atajo en la adaptación cuenta.
Especialmente cuando juegas de central.
Una mirada, una corrección o saber cómo reaccionará quien tienes al lado puede terminar siendo tan importante como ganar un duelo.
El Ibiza necesita acelerar también ese conocimiento.
Todavía no hay una defensa definitiva
Tres jornadas son demasiado pocas para establecer conclusiones.
También para hablar de una línea defensiva definitiva.
Llona ha ido moviendo piezas desde Antequera y las últimas incorporaciones amplían todavía más las posibilidades. Blasco ya ha entrado directamente en el once. Ruiz continúa acercándose al ritmo que exige el equipo. En los laterales también existe competencia y David Astals, utilizado inicialmente atrás, puede aparecer en posiciones más adelantadas según la idea expresada por el propio entrenador.
La defensa que empezó el campeonato no tiene por qué ser la que llegue a noviembre.
Pero sí empieza a aparecer una exigencia que todos parecen compartir.
Competir mejor sin balón.
Prieto habló un día antes de la importancia de competir para poder aspirar a algo en Primera Federación. Ruiz insiste ahora en cerrar la portería. Blasco habla de solidez y de trabajar como bloque.
Distintas voces apuntando hacia el mismo sitio.
Jaén medirá el siguiente paso
El sábado llegará una prueba especialmente interesante.
El Real Jaén espera al Ibiza en La Victoria después de marcar seis goles durante las tres primeras jornadas. Un recién ascendido con el impulso del curso anterior y capacidad suficiente para castigar cualquier desajuste.
Justo lo que necesita examinar ahora el Ibiza.
Porque la secuencia defensiva resulta prometedora, pero todavía es demasiado corta.
Tres goles.
Uno.
Cero.
Blasco continúa descubriendo compañeros y mecanismos. Ruiz acelera para recuperar el tiempo que no pudo tener durante la pretemporada. Llona sigue buscando las combinaciones que terminen dando estabilidad a su última línea.
El campeonato no les ha concedido un periodo de prueba.
Quizá por eso la frase de Blasco explica mejor que ninguna otra cómo se está levantando la nueva defensa del Ibiza.
Dos entrenamientos y al campo.
Primero fueron tres goles. Después uno. Luego ninguno. Ahora toca descubrir si aquel cero fue solo una buena tarde o el primer síntoma de que la puerta empieza a cerrarse.









































