Solo cinco jugadores continúan del equipo que hace poco más de tres meses estuvo a cuatro puntos de Primera FEB. El Class ha cambiado ocho piezas, ha renovado profundamente su juego interior y ha puesto la plantilla en manos de Boris Balibrea. Detrás de tantos movimientos aparece una pregunta: ¿está ya construido el equipo que imaginaba su nuevo entrenador?
El Class Sant Antoni estuvo a cuatro puntos de Primera FEB. Apenas han pasado tres meses de aquella noche en Sa Pedrera y, sin embargo, basta mirar ahora el vestuario para entender que el club no ha decidido simplemente volver a intentarlo.
Ha cambiado ocho de sus trece piezas. También al entrenador.
Dani de la Rúa, Greg Gantt, Kai Johnson, Íker Ruiz y Rodri Gómez son los cinco jugadores que conectan aquel equipo con el actual. Alrededor de ellos, prácticamente todo es nuevo: Aleix Haro, Pablo Fernández, Anton Lindqvist, Beni Fungula, Michael Okafor, Morgan Stilma, Lamin Dibba y Jeffrey Godspower.
Más de un 60% de la plantilla ha cambiado.
La cifra por sí sola ya habla de una reconstrucción importante. Pero resulta todavía más interesante mirar qué tipo de jugadores han llegado. Porque detrás de los ocho fichajes empieza a dibujarse el Class que Boris Balibrea pretende construir.
No es cambiar ocho nombres por otros ocho
Balibrea ha llegado a Sant Antoni después de desarrollar buena parte de su carrera fuera de España. Suecia, Polonia y, este último verano, una experiencia como técnico invitado con Brooklyn Nets durante la NBA Summer League forman parte de un recorrido poco habitual para un entrenador de Segunda FEB.
Su llegada implicaba necesariamente una nueva mirada sobre el equipo.
El propio Boris ha definido estos días el baloncesto que pretende implantar: un Class físico, rápido, agresivo, dispuesto a jugar a muchas posesiones, correr, utilizar el triple, presionar y convertir el rebote y los robos en oportunidades para salir al contraataque.
La cuestión interesante no es únicamente lo que dice el entrenador.
Es comprobar si la plantilla que tiene entre las manos permite hacerlo.
Y ahí empiezan a encajar algunas decisiones del verano.
Más piernas por fuera y una transformación por dentro
El Class ha mantenido dos piezas fundamentales para la dirección y generación de juego, Dani de la Rúa e Íker Ruiz, además de conservar a Greg Gantt, Kai Johnson y Rodri Gómez. Es la parte reconocible del proyecto.
A partir de ahí comienza la transformación.
Aleix Haro añade otra alternativa en la dirección. Pablo Fernández, Anton Lindqvist y Beni Fungula amplían considerablemente las posibilidades exteriores. Fungula, por ejemplo, es un jugador de alrededor de 1,93 metros con capacidad para actuar como escolta y alero, atacar en uno contra uno y colaborar en el rebote. Su última experiencia en Alemania dejó además registros cercanos a los 18 puntos, seis rebotes y tres asistencias por encuentro.
Pero probablemente sea cerca del aro donde más evidente resulta el cambio.
Michael Okafor, Morgan Stilma, Lamin Dibba y Jeffrey Godspower forman parte de la nueva estructura interior. Cuatro incorporaciones en una misma zona de la pista difícilmente pueden considerarse un retoque.
Es una reconstrucción.
Y algunos de esos nombres contienen además una curiosa conexión con la historia reciente del Class.
Fichar a quienes ya encontraron la puerta
Morgan Stilma y Jeffrey Godspower saben perfectamente qué significa jugar una eliminatoria de ascenso en Sa Pedrera.
Ambos pertenecieron al Melilla que en 2025 terminó con el sueño del Class y consiguió subir de categoría. Stilma viene además de competir la pasada temporada en Primera FEB.
Lamin Dibba tiene el recuerdo todavía más reciente.
Hace poco más de tres meses estaba en el otro vestuario.
El pívot formó parte del Insolac Caja 87 que resistió la remontada del Class y consiguió el ascenso pese al 71-56 de Sa Pedrera. Ahora intentará alcanzar la misma categoría vestido con la camiseta del equipo que entonces tuvo enfrente.
La coincidencia es llamativa: tres jugadores del nuevo Class saben lo que significa superar una eliminatoria de ascenso en la que Sant Antoni terminó eliminado.
No significa que exista una fórmula para ascender ni garantiza absolutamente nada en mayo. Sí introduce experiencia en situaciones que este club conoce demasiado bien desde el otro lado.
Y refuerza la sensación de que el verano no ha consistido únicamente en sustituir bajas.
Cinco jugadores para conservar lo que sí funcionaba
Porque tampoco estamos ante una ruptura total.
El Class ha protegido una parte importante del equipo que llegó hasta la última eliminatoria. Greg Gantt fue el máximo anotador del conjunto ibicenco en aquella última noche frente a Caja 87, con 16 puntos. Rodri Gómez capturó diez rebotes y Dani de la Rúa repartió cinco asistencias.
Íker Ruiz continúa después de seguir aumentando su protagonismo dentro del proyecto y Kai Johnson completa el grupo de cinco supervivientes.
Ahí reside uno de los equilibrios que tendrá que encontrar Balibrea.
No empieza desde cero. Tiene jugadores que conocen el club, Sa Pedrera, la competición y la presión que acompaña a un proyecto que lleva tres temporadas llegando hasta el último escalón.
Pero más de la mitad de sus compañeros son diferentes.
Y la manera de jugar también pretende serlo.
El primer examen no será el ascenso
El 65-97 frente al Fibwi Palma dejó claro que todo esto necesita tiempo. Era el primer amistoso, ante un rival de Primera FEB y después de muy pocos entrenamientos, por lo que convertir aquella derrota en un juicio sobre el nuevo proyecto tendría poco sentido.
Pero sí dejó una primera fotografía: todavía hay mucho por ensamblar.
El siguiente paso llega este sábado ante Getafe en la Copa de España. Será el primer partido oficial y, seguramente, todavía demasiado pronto para sacar grandes conclusiones.
Lo interesante será empezar a buscar pequeñas señales.
Si el Class corre. Si aumenta el ritmo. Si presiona. Si genera pérdidas. Si carga el rebote. Si encuentra triples después de correr el campo. Si la profundidad de la plantilla permite mantener esa intensidad cuando comiencen las rotaciones.
En definitiva, si empieza a reconocerse el equipo que Boris tiene en la cabeza.
Porque durante los próximos meses habrá una tentación inevitable de medir este Class únicamente respecto al ascenso. Es comprensible. Tres finales consecutivas convierten mayo en una sombra que acompaña al proyecto desde septiembre.
Pero antes habrá otra historia que contar.
Hace tres meses, el Class estuvo durante unos minutos virtualmente en Primera FEB cuando llegó a mandar por 23 puntos a Caja 87. No lo consiguió. Después de aquello podía conservar casi todo y volver a intentarlo o podía tocar profundamente el proyecto.
Eligió lo segundo.
Cinco jugadores permanecen. Ocho han llegado. El banquillo tiene nuevo dueño y buena parte del juego interior ha sido reconstruido.
El cuarto intento no empieza intentando repetir el anterior. Empieza intentando construir el Class que quería Boris.








































