El exjugador de la Real Socidad despliega con su mujer una bufanda del equipo formenterense.

David Alba Hubo un tiempo que jugar a fútbol en Primera División significaba luchar contra las condiciones climatológicas y que el esfuerzo, en ocasiones, se medía por la cantidad de barro que uno llevaba consigo al vestuario tras una intensa pelea por la pelota. A buen seguro, muchos futbolistas de la liga BBVA sentirían un escalofrío por la espalda si tuvieran que saltar a las canchas a las que saltaba el defensa central Alberto Gorriz Echarte, padre del goleador de la S.D.Formentera al que le transmitió los genes futbolísticos y el nombre.

“De tal palo, tal astilla”, dirían algunos, pero el joven se decantó por perforar las porterías que con tanto ahínco su padre se encargó de proteger. Y es que Alberto Górriz es historia viva del fútbol español. Disputó un mundial con España -Italia 90- y nadie ha defendido más veces la camiseta de la Real Sociedad (599 partidos a lo largo de 15 temporadas). Un histórico de un histórico.

“Yo siempre le he dicho que sea central, pero, como a todos los chavales, a Alberto le gustaba hacer goles”, explica el internacional español con cierta resignación. “Sin embargo, lo que más me interesa es que se desarrolle como persona”, asegura. No obstante, Górriz, de vez en cuando, le da algún que otro consejo para eludir la marca de los centrales. “Le digo que aproveche más su estatura en los balones aéreos”, señala el padre del ariete del Formentera, un equipo que ve muy “compacto”.

El central, con la camiseta de la Real.
El central, con la camiseta de la Real.

“Los he visto jugar un poco, sigo los partidos por la radio o por Fútbol Pitiuso”, reconoce. “Creo que es un equipo al que es difícil que le marquen goles, pero que en ocasiones le cuesta llevar los partidos adelante”, indica el ex jugador de la Real, que destaca que su hijo está “muy a gusto” en el equipo de la Pitiusa Menor. “Le han acogido muy bien -destaca-, pensaba que el invierno se le iba a hacer muy largo por lo que me habían comentado, pero la verdad es que está muy integrado”, celebra Górriz.

Asimismo, el internacional español considera que el fútbol profesional “ha cambiado mucho” con respecto a la época en la que él jugaba. “Ahora hay más control en la alimentación, en la medicina, existen mejores campos para jugar… Antes disputabas partidos en campos embarrados y si teníamos un mal día, te podías ir a cenar tranquilamente con los amigos. Hoy los futbolistas son atletas”, recuerda.

Sobre la dificultad de jugar al fútbol, el central no sabría decir si era más fácil o más difícil llegar a ser profesional. “Yo tuve suerte -asegura con humildad-, llegué desde un club de tercera a la Real con 17 o 18 años y para mí era un sueño. Habría pagado por jugar un sólo partido con la Real”, explica el irunés que considera que su mayor virtud como futbolista era saber cuales eran sus limitaciones. “También el mercado actual está más abierto al exterior”, observa.

Campeones de Liga
En la temporada 79-80, la histórica Real Sociedad de Alberto Ormaetxea se quedó a un paso de ganar la Liga. Tras 21 jornadas como líderes el Real Madrid les robó la cartera. “Fue muy duro”, admite Górriz, que recuerda que aquella temporada permanecieron invictos hasta la penúltima jornada. Así que en la 80-81, el fantasma de aquella decepción se asomó en el Molinón donde el Sporting le iba ganando por dos goles a uno.

El Madrid, que necesitaba que la Real perdiera, parecía que iba a volver a arrebatarles el sueño. La lluvia, el barro y el estrés se adueñó del campo. “Ellos defendían a muerte”, explica el héroe realista. “En el minuto 90, yo hago un disparo horroroso que resultó ser el mejor pase de mi vida”, explica con nostalgia. El gol de Zamora liberó, quizás, a la mejor Real de todos los tiempos. “Tuvimos la virtud de creer en nosotros hasta el final”, asevera el defensa, que asegura que no hay mejor recompensa que ver la cara de felicidad de la gente. “A día de hoy mucha gente mayor aún me recuerda la gesta”, sonríe.

Una alineación del equipo realista de Alberto Górriz, campeón de Copa en la 86-87.
Una alineación del equipo realista de Alberto Górriz,
campeón de Copa en la 86-87.

Pero aquel equipo no se quedó ahí. Al año siguiente volvieron a ganar la Liga y, años después, consiguieron una Copa del Rey. Sin embargo, observa que en la actualidad reproducir la gesta de la Real de los 80 es mucho más complicado. Asevera que “antes los campeonatos eran más abiertos” y que, hoy, una temporada se puede estar arriba en la clasificación y, a la siguiente, pelear por los puestos de descenso.

Italia 90
“La primera convocatoria me llegó con 30 años -señala el internacional español-, y disputé el mundial ya con 32″. Górriz recuerda que la sensación que tenían en aquel momento, con aquella selección formada por la famosa quinta del Buitre, era que con “un pelín de suerte” podían haber llegado a la final.

“Fue un mundial raro: no hubo ninguna selección por encima de los demás”, destaca. En este sentido, lamenta el partido que jugaron contra la ex Yugoslavia de Robert Prosinecki. “Merecimos más”, indica el central, que lo mejor que se llevó de aquel mundial, a parte de la experiencia, fue a los amigos. “Antes de la convocatoria , siempre tuve piques, por ejemplo, con Michel -señala-, pero el buen ambiente de la selección y el compañerismo que hubo en el mundial te hace entender que lo más importante es el mundo del fútbol”.

Górriz, el ilustre hincha del Formentera

El exjugador de la Real Socidad despliega con su mujer una bufanda del equipo formenterense.
David Alba Hubo un tiempo que jugar a fútbol en Primera División significaba luchar contra las condiciones climatológicas y que el esfuerzo, en ocasiones, se medía por la cantidad de barro que uno llevaba consigo al vestuario tras una intensa pelea por la pelota. A buen seguro, muchos futbolistas de la liga BBVA sentirían un escalofrío por la espalda si tuvieran que saltar a las canchas a las que saltaba el defensa central Alberto Gorriz Echarte, padre del goleador de la S.D.Formentera al que le transmitió los genes futbolísticos y el nombre. "De tal palo, tal astilla", dirían algunos, pero el joven se decantó por perforar las porterías que con tanto ahínco su padre se encargó de proteger. Y es que Alberto Górriz es historia viva del fútbol español. Disputó un mundial con España -Italia 90- y nadie ha defendido más veces la camiseta de la Real Sociedad (599 partidos a lo largo de 15 temporadas). Un histórico de un histórico. "Yo siempre le he dicho que sea central, pero, como a todos los chavales, a Alberto le gustaba hacer goles", explica el internacional español con cierta resignación. "Sin embargo, lo que más me interesa es que se desarrolle como persona", asegura. No obstante, Górriz, de vez en cuando, le da algún que otro consejo para eludir la marca de los centrales. "Le digo que aproveche más su estatura en los balones aéreos", señala el padre del ariete del Formentera, un equipo que ve muy "compacto".
El central, con la camiseta de la Real.
El central, con la camiseta de la Real.
"Los he visto jugar un poco, sigo los partidos por la radio o por Fútbol Pitiuso", reconoce. "Creo que es un equipo al que es difícil que le marquen goles, pero que en ocasiones le cuesta llevar los partidos adelante", indica el ex jugador de la Real, que destaca que su hijo está "muy a gusto" en el equipo de la Pitiusa Menor. "Le han acogido muy bien -destaca-, pensaba que el invierno se le iba a hacer muy largo por lo que me habían comentado, pero la verdad es que está muy integrado", celebra Górriz. Asimismo, el internacional español considera que el fútbol profesional "ha cambiado mucho" con respecto a la época en la que él jugaba. "Ahora hay más control en la alimentación, en la medicina, existen mejores campos para jugar... Antes disputabas partidos en campos embarrados y si teníamos un mal día, te podías ir a cenar tranquilamente con los amigos. Hoy los futbolistas son atletas", recuerda. Sobre la dificultad de jugar al fútbol, el central no sabría decir si era más fácil o más difícil llegar a ser profesional. "Yo tuve suerte -asegura con humildad-, llegué desde un club de tercera a la Real con 17 o 18 años y para mí era un sueño. Habría pagado por jugar un sólo partido con la Real", explica el irunés que considera que su mayor virtud como futbolista era saber cuales eran sus limitaciones. "También el mercado actual está más abierto al exterior", observa. Campeones de Liga En la temporada 79-80, la histórica Real Sociedad de Alberto Ormaetxea se quedó a un paso de ganar la Liga. Tras 21 jornadas como líderes el Real Madrid les robó la cartera. "Fue muy duro", admite Górriz, que recuerda que aquella temporada permanecieron invictos hasta la penúltima jornada. Así que en la 80-81, el fantasma de aquella decepción se asomó en el Molinón donde el Sporting le iba ganando por dos goles a uno. El Madrid, que necesitaba que la Real perdiera, parecía que iba a volver a arrebatarles el sueño. La lluvia, el barro y el estrés se adueñó del campo. "Ellos defendían a muerte", explica el héroe realista. "En el minuto 90, yo hago un disparo horroroso que resultó ser el mejor pase de mi vida", explica con nostalgia. El gol de Zamora liberó, quizás, a la mejor Real de todos los tiempos. "Tuvimos la virtud de creer en nosotros hasta el final", asevera el defensa, que asegura que no hay mejor recompensa que ver la cara de felicidad de la gente. "A día de hoy mucha gente mayor aún me recuerda la gesta", sonríe.
Una alineación del equipo realista de Alberto Górriz, campeón de Copa en la 86-87.
Una alineación del equipo realista de Alberto Górriz,
campeón de Copa en la 86-87.
Pero aquel equipo no se quedó ahí. Al año siguiente volvieron a ganar la Liga y, años después, consiguieron una Copa del Rey. Sin embargo, observa que en la actualidad reproducir la gesta de la Real de los 80 es mucho más complicado. Asevera que "antes los campeonatos eran más abiertos" y que, hoy, una temporada se puede estar arriba en la clasificación y, a la siguiente, pelear por los puestos de descenso. Italia 90 "La primera convocatoria me llegó con 30 años -señala el internacional español-, y disputé el mundial ya con 32". Górriz recuerda que la sensación que tenían en aquel momento, con aquella selección formada por la famosa quinta del Buitre, era que con "un pelín de suerte" podían haber llegado a la final. "Fue un mundial raro: no hubo ninguna selección por encima de los demás", destaca. En este sentido, lamenta el partido que jugaron contra la ex Yugoslavia de Robert Prosinecki. "Merecimos más", indica el central, que lo mejor que se llevó de aquel mundial, a parte de la experiencia, fue a los amigos. "Antes de la convocatoria , siempre tuve piques, por ejemplo, con Michel -señala-, pero el buen ambiente de la selección y el compañerismo que hubo en el mundial te hace entender que lo más importante es el mundo del fútbol".

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