3-2. La UD Ibiza se autoboicotea y deja escapar otra bala dorada

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La historia empieza a sonar demasiado conocida. La UD Ibiza volvió a dejarse puntos cuando más falta hacían, y lo hizo de la forma que más duele: regalando. En la Ciudad Deportiva Luis del Sol, ante un Real Betis B que llegaba último y con el agua al cuello, los celestes se empeñaron en ponerse piedras en el camino… y tropezaron todas.

El arranque invitaba al optimismo. El Ibiza salió mandón, con la pelota cosida al pie y el partido instalado en campo rival. Se movía el balón con sentido, se abría el campo y se respiraba esa sensación de equipo que ha aprendido de golpes pasados. Las bandas eran una autopista y cada llegada parecía anunciar algo grande. Faltaba lo de siempre, eso sí: concretar.

Porque ocasiones hubo. Varias. Algunas clarísimas. El problema es que el gol seguía siendo una promesa que nunca terminaba de cumplirse. Y ya se sabe cómo va esto: perdonar es un lujo que no concede esta categoría.

El castigo llegó sin avisar y de la manera más cruel. Un error grosero atrás, de esos que no aparecen en los planes de partido, abrió la puerta al 1-0. El Betis no perdonó y el Ibiza, de repente, se quedó sin red. El golpe dejó tocado al equipo, que pasó de mandar a dudar en cuestión de minutos. Los locales, crecidos, olieron el miedo y empezaron a correr con el marcador a favor.

Tras el descanso hubo intento de reacción, más con el corazón que con la cabeza. Un disparo al palo encendió una chispa de esperanza, pero el encuentro ya se había convertido en un ida y vuelta incómodo, justo el escenario que menos convenía. En una transición rápida, el segundo golpe cayó como un martillo. Demasiado fácil. Demasiado repetido.

A partir de ahí, el Ibiza se fue apagando. Sin mordiente, sin pausa y sin esa chispa que marca diferencias. Algún destello aislado, un gol para recortar distancias y una última embestida que hizo dudar al rival, pero nada más. Otro fallo atrás terminó de cerrar la tarde y dejó la sensación de que el partido se había escapado mucho antes del pitido final.

El resumen es tan sencillo como doloroso. Cuando el tren del playoff pasa, no siempre vuelve. Y la UD Ibiza, una vez más, se quedó mirando cómo se alejaba. En esta categoría no hay margen para la ingenuidad. Regalar atrás es condenarse. Y así, por mucho que el balón a veces sea tuyo, el premio acaba siendo de otro.

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