La tarde en el Palladium Can Misses tuvo algo especial. De esas que se recuerdan cuando la temporada aprieta y cada punto pesa como una losa. La UD Ibiza se plantó delante del líder, el Sabadell, y no solo le discutió el balón… le pasó por encima. Un 2-0 que pudo ser más, mucho más, y que coloca a los celestes mirando de reojo a los puestos de playoff.
El equipo de Miguel Álvarez salió con personalidad. Sin complejos. Desde el primer suspiro del partido dejó claro que no iba a especular. Las molestias de Bebé obligaron a mover piezas, y el técnico apostó por Izan Yurrieta desde el inicio. También reforzó el costado izquierdo con doble lateral. Un dibujo valiente. Un mensaje claro.
Y casi sin tiempo para acomodarse en la grada, llegó el primer aviso serio. Fran Castillo —incansable, eléctrico, con esa chispa que contagia— filtró un pase que rompió la defensa catalana. Yurrieta cruzó y obligó a Fuoli a estirarse como si le fuera la vida en ello. Era el minuto uno. Sí, el uno. Aquello prometía.
La primera parte fue un asedio elegante. De posesión paciente, de cambios de ritmo, de centros con intención. Davo tuvo el suyo en un mano a mano que volvió a salvar el guardameta visitante. Castillo probó desde fuera. José Albert soltó un latigazo que rozó el palo. El balón era ibicenco. El ritmo también. Solo faltaba el gol.
El descanso llegó con esa sensación incómoda de haber hecho casi todo bien… menos marcar.
Pero el fútbol, cuando se insiste, suele devolver lo que quita. Y a los seis minutos de la reanudación apareció el premio. Iago Indias vio el hueco donde nadie más lo veía y filtró para Yurrieta. Control, mirada rápida y definición al palo izquierdo. Dentro. Por fin. El estadio explotó con ese grito que llevaba cuarenta y cinco minutos acumulando tensión.
El tanto no calmó a los locales. Al contrario. La UD Ibiza siguió mordiendo, buscando el segundo como quien sabe que el líder no perdona errores. Castillo seguía gobernando el centro del campo, combinando talento y carácter. Cada balón que tocaba parecía llevar intención.
El Sabadell intentó reaccionar. Empujó. Amasó posesión. Se acercó tímidamente al área de Ramón Juan. Pero la sensación era otra: el partido tenía dueño.
Y entonces llegó la sentencia. Un disparo al larguero, un rechace, un segundo intento… y allí estaba otra vez Fran Castillo, atento, decidido, empujando el balón a la red en el minuto 85. El broche perfecto a una actuación mayúscula. De líder silencioso. De jugador diferencial.
El 2-0 no solo cerró el partido. Abrió una puerta. Con esta victoria, la UD Ibiza se queda a cuatro puntos del playoff. Y lo hace enviando un mensaje nítido a la categoría: aquí hay equipo. Y hay ambición.
La temporada entra en su tramo decisivo… y en la isla empieza a respirarse algo más que ilusión.




















































































