2-2. Un empate que evita el golpe

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La UD Ibiza se agarró al partido cuando todo parecía perdido. En una tarde espesa, con el viento en contra en forma de decisiones arbitrales y falta de acierto, el conjunto celeste encontró en el descuento un empate que, sin ser suficiente para hacer justicia a lo visto sobre el césped, al menos evitó una derrota que habría dolido mucho más de lo que reflejaba el marcador.

El ambiente en el Palladium Can Misses tampoco ayudó a empujar desde el inicio. La peor entrada de la temporada dejó una imagen poco habitual para un equipo que se jugaba más que tres puntos. Aun así, los de Miguel Álvarez asumieron el mando con el paso de los minutos, creciendo desde la posesión y obligando al Alcorcón a replegarse muy cerca de su área.

El arranque tuvo ya su dosis de polémica, en una acción sobre Theo Valls que encendió el banquillo visitante. Fue el primer aviso de un arbitraje que acabaría marcando el desarrollo del encuentro y desesperando a la grada local. A partir de ahí, el partido se movió entre la cautela inicial y el progresivo dominio ibicenco.

La primera ocasión clara fue para Davo, que no acertó a superar a Ayesa en un mano a mano que pudo cambiar el rumbo del choque. Ese error no frenó al Ibiza, que siguió insistiendo hasta encerrar al Alcorcón en su propio campo. Bebé empezó a encontrar espacios, David García dio sentido al juego y el equipo transmitía la sensación de estar cada vez más cerca del gol.

Sin embargo, el fútbol volvió a mostrar su cara más ingrata. En el minuto 30, un penalti muy discutido permitió a los visitantes adelantarse. Aparicio no falló y transformó la única llegada clara del Alcorcón hasta ese momento en el 0-1. El golpe fue duro, pero no cambió el guion: el Ibiza siguió dominando, mientras Ayesa se convertía en el principal obstáculo para el empate antes del descanso.

Tras la reanudación, el asedio fue aún más evidente. Bebé rozó el gol con un cabezazo al larguero y el equipo local inclinó definitivamente el campo. Todo apuntaba al empate, pero en una acción aislada el Alcorcón volvió a golpear. Una contra bien ejecutada terminó con Carmona empujando el balón a la red tras asistencia de Aparicio. Dos tiros, dos goles. Máxima eficacia y castigo excesivo para los de casa.

Lejos de venirse abajo, la UD Ibiza reaccionó con orgullo. Miguel Álvarez movió el banquillo y el equipo dio un paso adelante sin reservas. El premio llegó con Arnau Solà, que encontró el 1-2 con un disparo lejano que desvió la defensa. El gol cambió el pulso del partido y reactivó tanto al equipo como a una grada que empezó a creer en la remontada.

A partir de ahí, el Ibiza jugó más con el corazón que con la cabeza, empujando sin descanso ante un Alcorcón que supo parar el ritmo cuando le convenía. Solà tuvo el empate en otro disparo desde la frontal que se marchó por muy poco, y cada acción local se vivía con una mezcla de ansiedad y esperanza.

El esfuerzo encontró recompensa en el último suspiro. Ya en el descuento, Eslava recogió un balón en el área y lo cedió atrás para que Svensson, sin oposición, empujara el 2-2. Un gol que desató la euforia en Can Misses y que premió la insistencia de un equipo que nunca dejó de intentarlo.

El punto deja un sabor extraño. Por un lado, la sensación de haber dejado escapar una oportunidad tras ser superior durante gran parte del encuentro. Por otro, el alivio de evitar una derrota que habría sido difícil de digerir. La UD Ibiza, al menos, demostró que tiene carácter para levantarse en medio del ruido y seguir compitiendo cuando el partido se pone cuesta arriba. Un empate que no soluciona todo, pero que puede marcar un punto de inflexión en lo anímico.

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