El fútbol no suele esperar a que los proyectos maduren cuando el calendario aprieta. Y en la Peña Deportiva, con el tramo decisivo ya en marcha, el club ha optado por mover ficha. Raúl Garrido deja de ser el entrenador del primer equipo en una decisión que llega con el equipo instalado en la tercera plaza, pero con la sensación de haber perdido velocidad en la carrera por el ascenso directo.
Los números, en frío, sostienen su etapa: 28 partidos oficiales esta temporada, 17 victorias, 6 empates y solo 5 derrotas. Un rendimiento que mantiene al conjunto de Santa Eulària en zona de playoff. Sin embargo, el contexto manda. En las últimas semanas, la Peña no ha conseguido enlazar resultados que le permitan presionar a los líderes y el objetivo prioritario —el ascenso sin rodeos— se ha ido alejando poco a poco.
La decisión, por tanto, no responde tanto a lo hecho como a lo que se esperaba. En el club existía la convicción de que este equipo debía estar peleando por el primer puesto hasta el final, y la reciente dinámica ha enfriado ese discurso. En categorías tan exigentes, donde cada jornada ajusta más la clasificación, cualquier duda se convierte en una grieta.
Garrido había asumido el banquillo en un momento delicado, tras el descenso de la pasada campaña. Su llegada buscaba reconstruir desde la competitividad, devolver al equipo a una posición reconocible. De hecho, la confianza se reforzó con su renovación en mayo, con el reto claro de regresar a Segunda RFEF. Durante muchos tramos del curso, la Peña ha respondido como un aspirante serio, firme en casa y competitivo fuera, pero sin ese punto de contundencia que marcan las diferencias en la zona alta.
El club ha optado ahora por un cambio que agite al vestuario y reactive al equipo en el momento clave. Una apuesta arriesgada, pero habitual en escenarios donde el margen de error se ha reducido al mínimo.
Se cierra así una etapa que deja luces evidentes y alguna sombra en el desenlace. Garrido se marcha con el equipo en la pelea, pero sin haber terminado de consolidar ese paso adelante que se le exigía. En Santa Eulària, el mensaje es claro: todavía hay tiempo para todo, pero ya no hay espacio para titubeos.





















































































