De ganar 0-3 en El Maulí hace menos de seis meses a encajar tres goles en el estreno del nuevo proyecto. La UD Ibiza enseñó pegada y carácter para levantarse de un 2-0, pero también confirmó en 90 minutos por qué Raúl Llona reclama otro central antes del cierre del mercado.
La primera noche del nuevo Ibiza dejó dos equipos dentro del mismo equipo.
Uno fue capaz de recibir dos golpes en apenas un cuarto de hora, levantarse, marcar dos veces y llegar vivo al descanso.
El otro concedió tres goles y terminó jugando con diez.
Antequera 3. UD Ibiza 2.
La pretemporada había dejado cinco victorias, un empate y muchas razones para mirar hacia arriba. Pero el fútbol de agosto tiene una trampa conocida: hasta que aparecen los puntos nunca sabes exactamente cuánto valen las sensaciones.
En El Maulí apareció la primera respuesta.
El Ibiza tiene cosas.
Pero también tiene trabajo.
Del 2-0 al 2-2: aquí sí apareció el equipo de Llona
El inicio fue difícil de explicar.
El Antequera golpeó dos veces antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora. Destiny abrió el marcador en el minuto 8 y Adrià Gené hizo el segundo en el 14.
El Ibiza que había llegado invicto al campeonato estaba contra las cuerdas casi antes de empezar.
Y entonces apareció probablemente la mejor noticia de la tarde.
No se cayó.
Iker Varela recortó distancias apenas seis minutos después y Pedro Ortiz encontró el empate antes del descanso.
Dos fichajes.
Dos goles.
Y una remontada prácticamente completada en poco más de veinte minutos.
Ahí sí pudo reconocerse parte de lo que Llona había anunciado antes de viajar a Andalucía.
Un equipo que quiere jugar.
Que tiene futbolistas arriba capaces de hacer daño.
Y, sobre todo, que con un 2-0 en contra no desapareció del partido.
No sirvió para puntuar.
Pero conviene no perderlo entre los errores.
Tres goles que encienden una alarma conocida
El problema estuvo al otro lado.
Porque encajar tres goles en el primer partido no puede reducirse a una anécdota cuando el propio entrenador había reconocido antes del estreno que la plantilla necesitaba reforzar precisamente el centro de la defensa.
«Tenemos tres centrales y queremos cuatro».
Llona lo había dicho antes de viajar.
El partido no hizo más que subrayar la necesidad.
El Ibiza sufrió demasiado cada vez que el Antequera consiguió llevar el encuentro hacia su área. El tercer golpe llegó después del descanso, con Julio Martínez aprovechando una acción a balón parado para colocar el 3-2.
Y entonces apareció el segundo problema.
Eric Curbelo vio la roja.
Minuto 58.
Con más de media hora por delante y otra remontada por construir, el Ibiza tuvo que intentarlo con diez.
Ya no pudo repetir la reacción del primer tiempo.
El mercado acaba de recibir un mensaje
Quedan horas para que termine el mercado y Míchel Sanz ya sabía cuál era la prioridad.
Ahora la sabe todavía mejor.
Un central.
No porque una derrota obligue a cambiar una planificación.
Ni porque 90 minutos permitan juzgar una defensa que acaba de empezar a competir junta.
Pero el estreno ha mostrado dónde puede aparecer uno de los riesgos de este Ibiza.
Arriba hay alternativas.
Varela ha necesitado un partido para estrenarse.
Pedro Ortiz también.
En el banquillo esperaban Lazo, Eslava o Nsukula.
La profundidad ofensiva parece evidente.
Atrás, las circunstancias son diferentes.
Gonzalo Almenara todavía no está disponible. Iván del Olmo necesita semanas. Isma Fadel ha arrastrado molestias. Y Curbelo, salvo giro disciplinario, no podrá estar en el siguiente partido.
El central que Llona quería antes de Antequera parece todavía más necesario después de Antequera.
Hace seis meses ocurrió exactamente lo contrario
Hay una imagen especialmente curiosa para medir cuánto ha cambiado todo.
El 7 de marzo, la UD Ibiza visitó este mismo estadio.
Y ganó 0-3.
Fran Castillo, Manu Pedreño y David García marcaron aquella tarde.
Menos de seis meses después, prácticamente todo alrededor del equipo ha cambiado.
Director deportivo.
Entrenador.
Plantilla.
Ambición.
Y también el resultado.
Esta vez fue el Antequera quien hizo tres.
Es únicamente una curiosidad estadística, pero sirve para recordar hasta qué punto estamos delante de otro Ibiza.
El de Llona todavía está empezando a reconocerse.
La primera derrota también deja buenas noticias
Sería sencillo construir el análisis únicamente alrededor de los tres goles recibidos.
Pero sería incompleto.
Porque remontar un 2-0 fuera de casa también dice cosas.
Varela dejó la primera muestra de su capacidad ofensiva.
Pedro Ortiz confirmó algo que ya había enseñado durante la pretemporada: puede llegar al área y producir.
Y el Ibiza demostró capacidad para volver a un partido que durante unos minutos parecía escaparse demasiado pronto.
El problema es que necesitó remontarlo dos veces.
La segunda, además, con diez.
Eso ya fue demasiado.
«No nos vamos a traicionar»
Llona dejó una frase antes del estreno que seguramente acompañará al equipo durante muchas jornadas.
«No nos vamos a traicionar».
Su Ibiza quiere dominar, tener iniciativa, ser valiente y agresivo.
En Antequera hubo momentos en los que se pudieron reconocer algunas de esas intenciones.
También aparecieron errores que la competición castiga de una manera que la pretemporada muchas veces perdona.
Por eso quizá la derrota tenga incluso cierto valor si se interpreta correctamente.
No cambia el objetivo.
No convierte en malo todo lo construido durante agosto.
Y tampoco permite sacar conclusiones definitivas después de una jornada.
Pero sí elimina cualquier falsa sensación de superioridad.
La Primera Federación no concede periodos de adaptación.
Mucho menos en un grupo en el que el Ibiza pretende pelear por ascender.
El nuevo proyecto ha necesitado solamente 90 minutos para descubrir su primera gran contradicción:
tiene argumentos para marcar dos goles fuera de casa y carácter para levantarse de un 2-0.
Pero si para ganar necesita marcar cuatro, el problema está en otro sitio.
El mercado todavía está abierto.
Y después de Antequera, el mensaje parece bastante claro.
El Ibiza ya sabe qué le falta.











































