El Ibiza gana tiempo: tres puntos para crecer mientras aparece el equipo de Llona

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Mazeya marcó en el minuto 92 y entregó al Ibiza su primera victoria de la temporada. El 2-1 ante el Rayo Majadahonda deja tres puntos importantes, pero también confirma que el nuevo proyecto todavía busca pausa, orden y continuidad. Tras 180 minutos oficiales, la plantilla ya ha enseñado su potencial. El equipo, en cambio, continúa construyéndose.

Mazeya controló con el pecho, se deshizo de su defensor y cruzó el balón.

Minuto 92.

Can Misses explotó.

Hay goles que sirven para ganar un partido y otros que, además, modifican durante unos días todo lo que rodea a un equipo. El del francés pertenece probablemente a la segunda categoría. Porque después del 3-2 de Antequera y de un estreno en casa mucho más complicado de lo esperado, empezar la segunda jornada con un solo punto de seis habría alimentado inevitablemente las primeras dudas.

Mazeya convirtió ese escenario en otro completamente diferente.

El Ibiza tiene sus primeros tres puntos.

Y, sobre todo, tiene tiempo para seguir construyéndose mientras gana.

El resultado cambia. Algunas señales todavía no

Dos jornadas son demasiado pocas para juzgar un proyecto. Pero 180 minutos empiezan a permitir encontrar comportamientos.

Antequera enseñó un Ibiza capaz de pasar del 2-0 al 2-2 cuando consiguió instalarse en campo contrario, pero también vulnerable cuando perdía el control. Llona terminó especialmente molesto por los errores cometidos en situaciones concretas.

Una semana después cambió el marcador.

No completamente las sensaciones.

El Rayo Majadahonda consiguió discutirle durante muchos minutos el centro del campo al Ibiza. David del Pozo estrelló un disparo en el palo durante una primera parte en la que Manu Justo quedó demasiado aislado y los celestes encontraron dificultades para hacer llegar el balón con continuidad a sus jugadores ofensivos.

No fue el Ibiza dominador que Llona quiere construir.

Todavía.

Y ahí aparece una reflexión interesante de Víctor Sancho.

El periodista de IB3 en Ibiza y Formentera escribió durante el encuentro que al equipo le hacía falta «calma y juntarse». Después profundizó en la misma idea: cuando el Ibiza alcanza los tres cuartos de campo, «se desordena y a veces parece desconcertado».

No es una cuestión menor.

Porque el problema no parece estar únicamente en llegar arriba.

Está también en saber qué hacer una vez se llega.

La paradoja de tener buenos futbolistas

Probablemente sea una de las grandes contradicciones de este comienzo.

El Ibiza ha construido una plantilla con futbolistas acostumbrados a esta categoría y otros procedentes de niveles superiores. Hay calidad para asociarse, capacidad técnica en el centro del campo y atacantes capaces de decidir acciones individualmente.

Pero tener buenos jugadores y ser un buen equipo son dos fases diferentes de una construcción.

Víctor Sancho ya apuntaba tras Antequera hacia esa cuestión. Después del Majadahonda vuelve a encontrarla.

Hay automatismos.

Hay momentos.

Hay incluso secuencias en las que empieza a reconocerse lo que pretende Llona.

Pero todavía falta continuidad.

Y quizá por eso adquiere tanto sentido otra frase del periodista después del encuentro:

«En un club sin calma, lo que hace más falta ahora mismo es eso. Poder asentarse, porque queda mucho».

La temporada acaba de empezar.

Y la plantilla prácticamente también.

Una conversación antes de volver al campo

Hay una imagen que Sancho destacó especialmente.

Justo antes de comenzar la segunda parte, Llona reunió a sus jugadores y habló con ellos sobre el césped.

Para el periodista, aquella conversación representaba precisamente lo que necesitaba el equipo: «calma, interpretar mejor dónde están las superioridades y ubicarse mejor para sacar ventaja».

Después ocurrieron cosas.

Llona cambió los dos laterales en el descanso.

David Astals y Hugo San Modesto se quedaron fuera. Pablo Busto y Víctor García entraron.

Y el Ibiza mejoró.

No significa que dos sustituciones expliquen por sí solas todo lo sucedido posteriormente, pero sí muestran a un entrenador interviniendo muy pronto sobre un partido que no estaba funcionando como esperaba.

Doce minutos después del descanso llegó el 1-0.

Jérémy Blasco introdujo el balón en el área, Manu Justo participó en la acción y Theo Valls apareció para cruzarlo lejos del alcance de Fuidias.

El Ibiza había encontrado el gol.

No todavía el control.

El 1-0 tampoco trajo la calma

Aquí aparece probablemente la señal que más debería ocupar a Llona durante los próximos entrenamientos.

Ponerse por delante no sirvió para gobernar definitivamente el encuentro.

El Majadahonda siguió vivo.

Los madrileños volvieron a acercarse, Andrés Prieto tuvo que intervenir y, en el minuto 82, Amaro cabeceó una falta lateral para colocar el 1-1. El Ibiza había tenido más de veinte minutos para cerrar el partido y no lo consiguió.

Después del 1-0, el Ibiza perdió precisamente aquello que Sancho reclamaba: pausa. Las líneas se separaron y el Majadahonda volvió a encontrar espacio para crecer.

Es pronto.

Pero hay una palabra que empieza a repetirse alrededor del nuevo Ibiza.

Control.

Controlar con balón.

Controlar las transiciones.

Controlar los momentos.

Y controlar emocionalmente un partido cuando el marcador te ofrece una ventaja.

Llona ya tiene una primera respuesta desde el banquillo

También existen noticias buenas.

Y una de ellas puede tener bastante importancia durante una temporada de 38 jornadas.

El partido lo decidió un suplente.

Mazeya entró alrededor del minuto 83. En el 92 decidió el encuentro con una acción individual magnífica: control con el pecho dentro del área, regate y disparo raso.

Nueve minutos aproximadamente para cambiar una tarde entera.

No es el único dato interesante.

Llona utilizó sus cinco cambios: Pablo Busto y Víctor García al descanso; Lazo posteriormente por Iker Varela; Javi Eslava por Manu Justo; y finalmente Mazeya por Pedro Ortiz.

El entrenador todavía está buscando combinaciones.

Pero una de ellas ya le ha dado dos puntos.

Cuatro goles que hablan de los recursos del Ibiza

El arranque también permite mirar hacia el otro lado.

El Ibiza ha marcado cuatro goles en dos jornadas.

Iker Varela y Pedro Ortiz marcaron en Antequera.

Theo Valls y Mazeya lo hicieron frente al Majadahonda.

Cuatro goleadores diferentes.

Eso tiene valor.

El equipo todavía no ha necesitado depender exclusivamente de Manu Justo para encontrar la portería. Han marcado un extremo, dos centrocampistas y otro jugador ofensivo llegado desde el banquillo.

El problema está en la otra columna.

También ha recibido cuatro goles.

3-2.

2-1.

Tres puntos.

Cuatro tantos a favor.

Cuatro en contra.

Después de 180 minutos, el Ibiza todavía vive partidos demasiado abiertos para el control que pretende ejercer.

Ganar mientras se aprende

Aquí probablemente se encuentra la mejor noticia del sábado.

Los proyectos nuevos necesitan tiempo.

Pero el calendario no espera a nadie.

No existe una clasificación para equipos que están aprendiendo mecanismos, otra para plantillas profundamente renovadas y otra para conjuntos que ya llevan un año jugando juntos.

Todos compiten por los mismos puntos.

Por eso ganar mientras todavía estás construyéndote tiene muchísimo valor.

El Ibiza no jugó un gran partido contra el Majadahonda. La prensa madrileña también describió un encuentro igualado en el que el Rayo estuvo a escasos minutos de llevarse un punto de Can Misses.

Pero ganó.

Y dentro de unos meses nadie descontará puntos porque aquella victoria llegara en el minuto 92.

Eso también forma parte de los equipos que quieren estar arriba.

La calma que compró Mazeya

Llona llegó a Ibiza después de ascender a la Cultural Leonesa y desde el primer día explicó qué quería construir.

Un equipo reconocible.

Protagonista.

Valiente.

Capaz de dominar.

El Ibiza que hemos visto durante estas dos primeras jornadas todavía no consigue hacerlo durante 90 minutos.

Ha enseñado fragmentos.

En Antequera aparecieron durante los últimos 20-25 minutos de la primera mitad, cuando levantó un 2-0. Contra el Majadahonda volvió a mejorar después del descanso.

Son señales.

No todavía certezas.

Y seguramente ahí adquiere todavía más sentido la reflexión de Víctor Sancho.

Calma.

Calma para interpretar las superioridades.

Calma para no desordenarse cuando el equipo alcanza los metros decisivos.

Calma para convertir una plantilla llena de nombres en un equipo.

Y calma también alrededor.

Porque dos jornadas son muy pocas para saber hasta dónde llegará este Ibiza.

Mazeya no resolvió el sábado todos los problemas que tiene por delante Raúl Llona.

Hizo algo bastante más sencillo.

Controló con el pecho, eliminó a su defensor y marcó.

Pero aquel balón que entró en el minuto 92 llevaba algo más que tres puntos.

Llevaba tiempo.

Tiempo para entrenar.

Tiempo para corregir.

Tiempo para encontrarse.

El Ibiza todavía está aprendiendo a ser el equipo de Llona. La diferencia es que ahora puede hacerlo después de ganar.

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