El Class prende fuego a la tabla: victoria coral y liderato a ritmo de triple

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Hay partidos que se ganan con pizarra, otros con músculo, y unos pocos, con alma. El Class Bàsquet Sant Antoni lo hizo con las tres. Y con mucho baloncesto. En una mañana de pura adrenalina en el Pabellón Siroko Sa Pedrera, los de Josep Maria Berrocal firmaron su sexta victoria consecutiva al imponerse por 96-91 a un Bueno Arenas Albacete que vendió cara su piel. El resultado, además de subir la moral hasta el techo, los catapulta al liderato del Grupo Este de la Segunda FEB, compartido pero con aroma a gesta.

Desde el salto inicial, el Class dejó claro que no estaba para contemplaciones. Un arranque de 10-2 fue la carta de presentación de un equipo que, cuando conecta con su público y mete la directa, es un vendaval. El tridente formado por De la Rúa, Johnson y Solarin fue dinamita en un primer tiempo donde los ibicencos se gustaron, se soltaron la melena, y pintaron un baloncesto vistoso, eléctrico y eficaz.

Los triples cayeron como lluvia de verano: 10 de 15 en la primera parte, con un acierto de escándalo que descolocó a un Albacete al que sólo el talento individual de Nicklaus Reid y la pelea de Vanaclocha lo mantuvo con opciones. El 51-40 al descanso era más que justo; era una declaración de intenciones.

El base madrileño Dani de la Rúa volvió a ser el metrónomo. Inteligente, sereno, y con una visión de juego quirúrgica, firmó una actuación de MVP sin necesidad de números descomunales: 14 puntos, 3 asistencias, 3 robos y 2 rebotes. A su lado, Kai Johnson demostró que tiene pólvora en las manos. El estadounidense fue el máximo anotador de los suyos con 19 puntos, ejecutando cuando más quemaba la bola. Y entre ambos, fueron los arquitectos de una sinfonía ofensiva que tuvo momentos brillantes.

Pero sería injusto no subrayar el papel del bloque: Solarin rompió el partido en el segundo cuarto, Zizic aportó dureza bajo los tableros hasta que una caída lo obligó a retirarse, y Gerard Blat clavó un par de triples que dolieron como dagas a sus excompañeros del Albacete. Todos sumaron, todos creyeron. ADN Sant Antoni.

Cuando el marcador mostraba un 90-80 a falta de dos minutos, parecía que el trabajo estaba hecho. Pero esto es basket, y en el basket no hay nada escrito hasta que suena la bocina. El Bueno Arenas apretó los dientes, tiró de orgullo, y metió el miedo en el cuerpo a los isleños. Se pusieron a tiro con un parcial final que recortó la diferencia hasta los cinco puntos, y obligó al Class a cerrar el partido desde el temple y la cabeza fría.

El 96-91 final supo a alivio, a recompensa y a confirmación. Porque este equipo no sólo juega bien: compite como un grande, responde cuando hay presión y tiene una química de vestuario que se percibe desde la grada. El Siroko fue una caldera, y no por el calor ibicenco: fue la pasión de una afición entregada a un proyecto que empieza a sonar a algo serio.

Con la derrota del Amics Castelló y la victoria del UPB Gandía, el Class Bàsquet Sant Antoni se encarama a lo más alto de la clasificación. Trece victorias, seis al hilo, y una confianza que cotiza al alza. El calendario aprieta, pero este equipo ha demostrado que está hecho para grandes noches. Y que, cuando se prende la mecha, puede incendiar cualquier pabellón.

Ibiza tiene equipo. Y va muy en serio.

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