Rafel y PEÑoso el GOLoso, las primeras mascotas del fútbol pitiuso moderno

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En el fútbol, como en la vida, hay gestos que parecen pequeños pero que abren caminos. Y en Ibiza, una tierra donde el deporte se vive con pasión pero también con modestia, la aparición de Rafel y PEÑoso no ha pasado desapercibida. Son las primeras mascotas oficiales de clubes pitiusos en años. Dos figuras con cabeza de peluche, corazón futbolero y una misión clara: conectar con los más jóvenes y reforzar el vínculo entre grada y escudo. Y lo están consiguiendo.

A pie de campo, en medio del bullicio del Torneo Fibwi, se les ve moverse como si llevaran toda la vida en esto. Rafel, con su inconfundible aire de podenco ibicenco, luce con orgullo la camiseta azul del Sant Rafel, ese club de pueblo que respira humildad y al mismo tiempo ambición. Su primer equipo compite en Regional, pero sueña —y trabaja— con volver a la Tercera RFEF. Su filosofía es clara: crecer sin perder su esencia, construir desde la base, mantener viva la llama del fútbol en una comunidad pequeña pero fiel. Rafel, como embajador silencioso, encarna esa mezcla de cercanía, carácter y espíritu luchador.

A su lado, PEÑoso el GOLoso representa a una institución con mucha más historia: la Peña Deportiva. Un club con 90 años a sus espaldas y uno de los proyectos deportivos más sólidos de la isla. Su primer equipo milita en Tercera RFEF con el objetivo puesto en regresar cuanto antes a Segunda RFEF, categoría que ha saboreado en los últimos años. Pero la Peña es mucho más que fútbol sénior: engloba una cantera extensísima, referencia en formación, y otras secciones deportivas que reflejan un modelo de club integral. PEÑoso, con su corpulencia blanca, su camiseta impoluta y su bufanda que proclama unidad, es la cara amable de esa estructura tan amplia como ambiciosa.

La llegada de estas dos mascotas no responde a una moda ni a una ocurrencia puntual. Es una apuesta consciente por modernizar la forma en que se vive el fútbol desde la base. En tiempos de pantallas, redes sociales y distracciones constantes, Rafel y PEÑoso ofrecen algo tangible, cercano, emocional. En cada foto que se hacen con un niño, en cada abrazo que dan a pie de campo, están sembrando algo que va más allá del momento: están generando vínculo. Están ayudando a que el fútbol no sea solo competir, sino también pertenecer.

Lo más sorprendente —y valioso— es que lo han hecho en un contexto donde nadie lo esperaba. Ibiza no es un territorio de grandes presupuestos ni de marketing deportivo a gran escala. Aquí, cada paso cuesta el doble, y por eso iniciativas como esta tienen un mérito especial. Tanto el Sant Rafel como la Peña han entendido que construir identidad es tan importante como ganar partidos. Que un niño que sonríe junto a una mascota de su club probablemente será, con los años, un socio, un jugador, un entrenador o un padre en la grada.

Puede parecer anecdótico, incluso ingenuo, pero no lo es. Rafel y PEÑoso son algo así como pioneros. Hacía muchos años que ningún club pitiuso apostaba por una figura así. Y lo han hecho dos entidades con trayectorias muy distintas, pero con un punto en común: la voluntad de crecer desde su comunidad. Uno desde la humildad del Sant Rafel, otro desde la tradición y el músculo organizativo de la Peña Deportiva. Ambos, sin embargo, han encontrado en estas mascotas un nuevo lenguaje, una nueva forma de hablarle a su gente.

Quizá no metan goles. Pero lo que generan en los corazones de los más pequeños no se mide en estadísticas. Se mide en recuerdos. En emoción. En ganas de volver al campo. Porque al final, eso también es fútbol. Y ellos, Rafel y PEÑoso, ya juegan en la memoria de una generación que empieza a amar este deporte gracias a ellos.

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