0-1. San Rafael ya no es inexpugnable: la SD Ibiza cae por la mínima y frena su racha

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No hay fortín eterno en el fútbol. Y San Rafael, hasta ahora territorio prohibido para los rivales, terminó cediendo por la mínima en una tarde que dejó más sensaciones que puntos. La SD Ibiza firmó su primera derrota como local al caer por 0-1 ante el Espanyol B, en un partido que tuvo dos caras muy distintas.

La primera fue rojilla. Muy rojilla. Intensa, vertical, valiente. De esas que levantan al público del asiento y hacen pensar que el gol está a punto de caer. La segunda… otra historia. Un golpe temprano tras el descanso cambió el guion y dejó al equipo de Raúl Casañ remando contra corriente hasta el último suspiro.

La SD Ibiza salió enchufada, con ritmo alto y hambre. El balón rondaba el área visitante y las llegadas se sucedían casi sin pausa. Disparos lejanos, balones colgados, segundas jugadas… todo menos el gol. El equipo encontraba espacios, especialmente por fuera, y acumulaba méritos para algo más, pero el marcador seguía inmóvil.

El filial del Espanyol, eso sí, tampoco renunciaba a nada. Aprovechaba cada pérdida para salir rápido y meter el susto. Un ida y vuelta constante, más emoción que control, más corazón que pizarra. De esos partidos que se juegan con el cronómetro acelerado.

Al descanso, sensación clara en la grada: la SD Ibiza había sido superior. Pero el fútbol no entiende de sensaciones.

Y ahí llegó el mazazo. Apenas se habían desperezado los relojes cuando un balón aéreo terminó dentro de la portería local. Un gol frío, de esos que silencian un estadio y cambian la temperatura del partido en segundos. El 0-1 cayó como un jarro de agua helada.

Durante varios minutos, el equipo quedó tocado. El Espanyol B creció, manejó mejor los tiempos y empezó a sentirse cómodo defendiendo con orden y saliendo con criterio. La SD Ibiza lo intentó, movió piezas, buscó soluciones… pero ya no era lo mismo.

Con el paso de los minutos, el partido se convirtió en un ejercicio de fe. Empuje local, centros al área, segundas jugadas, balones divididos. Fútbol más emocional que preciso. Hubo una ocasión clarísima en el tramo final que estuvo a milímetros de cambiarlo todo, pero el balón no quiso entrar.

El pitido final confirmó lo inevitable. Primera derrota en casa. Fin de la racha. Pero también una certeza: este equipo compite, y compite de verdad.

Porque pese al tropiezo, la SD Ibiza mantiene margen con la zona peligrosa y la sensación de que lo construido hasta ahora tiene cimientos sólidos. Sa Creu ya no es inexpugnable… pero sigue siendo un lugar incómodo para cualquiera.

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