La UD Ibiza ha cambiado el gesto. Ya no mira al suelo, ahora levanta la cabeza. Y lo hace con argumentos. En Can Misses, el conjunto celeste volvió a mandar un mensaje claro a la categoría: este equipo está vivo. Muy vivo. Victoria de peso (2-0) ante el Real Murcia, en un partido de pico y pala, de los que se ganan con pegada arriba, sacrificio atrás… y un portero que juega en otra dimensión.
El Ibiza salió serio, sin alborotar el avispero. Orden, paciencia y colmillo. El Murcia amagó primero y tuvo el 0-1 en una acción que ya se cantaba en la grada visitante, pero apareció Kembo bajo palos para apagar el incendio. Fue el aviso. Y como suele pasar en esto del fútbol, quien perdona lo acaba pagando.
Minuto 12. Fran Castillo vio lo que casi nadie ve. Pase quirúrgico, de esos que rompen líneas y voluntades. Davo recogió el regalo, miró al portero y resolvió con la calma de un veterano. Golpe seco. El Ibiza se ponía por delante sin necesidad de dominar, solo siendo letal.
El tanto no tumbó al Murcia, que dio un paso al frente y empezó a rondar el área local. El balón fue suyo durante muchos minutos, pero el Ibiza se sentía cómodo esperando, bien plantado, listo para salir como una flecha. Trabajo oscuro, ayudas constantes y una consigna clara: no regalar nada.
Cuando el descanso asomaba, llegó el segundo mazazo. Otra vez Castillo manejando los hilos, Unai Medina ganando profundidad y el balón suelto en el área para que Iago Indias apareciera desde atrás y la empujara. 2-0. Y sensación de que al Ibiza, ahora mismo, le sale todo.
Ramón Juan baja la persiana
Tras el paso por vestuarios, el Murcia fue con todo. Orgullo, empuje y ocasiones. Pero ahí estaba Ramón Juan. Dos, tres manos salvadoras. Reflejos felinos. Seguridad absoluta. El guardameta celeste sostuvo al equipo en el momento más delicado, cuando el partido amenazaba con romperse.
Poco a poco, el Ibiza fue enfriando el choque. Posesiones largas, faltas tácticas, kilómetros para el rival. Cloroformo puro. Los debuts de Theo Valls y Nsukula dieron aire fresco, mientras el equipo seguía buscando la sentencia al contragolpe. Bebé rozó el tercero, Fran Castillo también tuvo la suya… pero ya daba igual. El encuentro estaba donde quería el Ibiza.
El pitido final confirmó lo que se respiraba en la grada: triunfo de los que marcan tendencia. Tres puntos que alejan el descenso y acercan la zona noble. Can Misses vuelve a creer. Y cuando este Ibiza cree, cuidado.






















































































