Gallos, mojitos y agujetas: así se vive la ruta más salvaje de Formentera

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Hay rutas cicloturistas… y luego está la del Ayuntamiento de Ibiza en Formentera, la que pone el broche final a toda una temporada de rutas. Dos días, unos 50 ciclistas, cerca de 80 kilómetros y un guion que mezcla deporte, risas y alguna que otra escena digna de película.

El arranque ya fue una declaración de intenciones. Aquello parecía un desfile. Este año, el grupo estrella apareció con maillots de gallos absolutamente top, continuando una tradición que ya ha dejado perlas como los Minions o los looks de cómic. Aquí no solo se pedalea… aquí se compite por ser el más llamativo.

En cabeza, el jefe de orquesta: Vicent Egea. Megáfono en mano y frases que ya son religión:
—“¡Esto es un falso llano!”
—“¡Plano rodador!”
—“¡Ahora no se queja nadie!” (porque justo empieza una bajada de las buenas y todo el mundo va lanzado como si no hubiera un mañana)

Y claro, todos asentían… normal, porque aquello ya era bajada y las piernas, de repente, dejaron de protestar.

El grupo, como siempre, variopinto. Por un lado, los puristas del pedal, sudando cada metro. Por otro, los de bici eléctrica… gestionando batería como si fuera oro. Miradas cómplices, algún que otro pique sano y la eterna pregunta: “¿te queda batería o te vas a pasar al lado oscuro del esfuerzo real?”. Ambiente perfecto.

El sábado dejó una de las anécdotas del finde. En un momento dado, una parte del grupo decidió —sin saberlo— hacer su propia versión alternativa de la ruta. Un pequeño desvío, cara de “esto no me suena”… y giro rápido para volver al redil antes de que Egea sacara el megáfono versión bronca. Todo quedó en risas, claro. Porque aquí perderse también forma parte del plan.

Y si hablamos de momentos épicos… la subida por el camino romano merece capítulo aparte. Aquello no era una subida, era un espectáculo. Piedra tras piedra, bicicletas botando… y casi todo el mundo empujando. Risas, resoplidos y frases tipo: “esto sí que no es plano rodador, Vicente”. Una postal inolvidable.

El recorrido, como siempre, una locura bonita. Formentera en estado puro: caminos entre muros de piedra seca, senderos que serpentean entre pinos, tramos de costa con el mar rompiendo al lado y playas que te obligan a levantar la cabeza aunque vayas con la lengua fuera. El grupo pasó por puntos míticos como el faro de La Mola, con esas vistas que te hacen olvidar el esfuerzo, o el Cap de Barbaria, donde el paisaje parece de otro planeta. Y parada obligatoria en Es Caló, uno de esos rincones que hacen que todo tenga sentido.

Después del esfuerzo, llegó la recompensa. Ya en tiempo libre, con la ruta del sábado completada, parada en Migjorn y mojitos de fresa. Los míticos. Los que saben mejor después de sudar. Los que convierten cualquier conversación en una fiesta. Y por si fuera poco, hubo valientes que decidieron darse su primer chapuzón del año. Resultado: agua helada, gritos y risas. Muchos salieron más rápido de lo que entraron… pero con la sonrisa puesta.

La jornada se cerró con una cena espectacular en el hotel de concentración. Buen ambiente, comida de diez y momento especial: cumpleaños feliz para Marcos Juan. Cánticos, aplausos y ese punto de caos organizado que hace único al grupo.

Y llegó el domingo… y con él, la realidad. Porque las agujetas no perdonan. Y menos en las nalgas. Desde el primer kilómetro, más de uno ya iba negociando con el sillín. Caras de sufrimiento, bromas constantes y frases del tipo: “no siento el culo” o “esto sí que es duro, no el camino romano”. Pedalear dolía… pero nadie se bajaba. Orgullo ciclista en estado puro.

Aun así, el grupo siguió. Base Sport, siempre impecables, guiando y cuidando cada detalle. Y Chente, el mecánico, en modo ángel de la guarda: pinchazo que aparece, cámara que cambia en tiempo récord. Eficacia total.

Mientras tanto, Ana Álvarez no perdía detalle. Móvil en mano, cazando cada instante. Fotos en marcha, en parado, en pleno sufrimiento… nadie se escapó. Todo quedó documentado para la posteridad.

Protección Civil, como siempre, de diez. Vigilando, acompañando y asegurando que todo fluyera con seguridad en medio de este caos maravilloso.

Y como todo buen finde… final de categoría. Ruta terminada y paella del domingo. De las que saben a gloria. De las que se alargan entre risas, anécdotas y ese “esto hay que repetirlo”.

Formentera, bicicletas, gallos, mojitos, despistes, piedras imposibles, agujetas traicioneras y un grupo que convierte cada pedalada en una historia.

Un cierre de temporada por todo lo alto. Canalla, divertido y absolutamente inolvidable.

Y lo peor de todo… que ya están pensando en el siguiente.

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