La temporada había entrado en una zona incómoda. De esas que pesan en la cabeza y en las piernas. Y ahí, con el equipo mirando más hacia abajo que hacia arriba, la UD Ibiza decidió mover ficha. Sin ruido excesivo, pero con decisión. El mercado de invierno se convirtió en un punto de inflexión… o al menos, en una oportunidad real para darle la vuelta a la historia.
En los despachos se asumió que algo no había funcionado. Y cuando eso pasa, toca actuar. La plantilla cambió de cara en pocas semanas, con salidas importantes y llegadas pensadas más a medio plazo que al nombre en el currículum. Una renovación profunda, necesaria, casi inevitable.
El club ha cerrado enero con más movimientos de los habituales. Futbolistas que llegaron en verano con etiqueta de importantes hicieron las maletas antes de tiempo, mientras entraban perfiles jóvenes, con energía, margen de crecimiento y menos mochila. La idea era clara: refrescar el vestuario y ganar alternativas en el campo. Más piernas, más versatilidad, más competencia interna.
La fotografía actual deja un grupo más corto, pero también más flexible. Un bloque donde las rotaciones no suenan a parche y donde el cuerpo técnico siente que puede mover piezas sin que el equipo se resienta. Y eso, en una categoría tan exigente como Primera RFEF, vale oro.
En el banquillo, el proyecto mantiene su rumbo. El trabajo diario nunca estuvo en duda y el club siempre tuvo claro dónde estaba el verdadero problema… y dónde no. Miguel Álvarez sigue al frente, respaldado desde dentro y convencido de que el camino era el correcto, aunque los resultados tardaran en aparecer.
Y ahora, poco a poco, empiezan a hacerlo. Tres victorias en cuatro jornadas han cambiado el ánimo, el ambiente y la conversación alrededor del equipo. Can Misses vuelve a respirar algo más tranquilo. No hay euforia, pero sí alivio. Y, sobre todo, esperanza.
Con todavía muchas jornadas por delante, el Ibiza se ha colocado en una zona donde todo es posible. Lejos del vértigo del descenso, no tan lejos del sueño de mirar hacia arriba. El objetivo mínimo está claro y el mensaje que baja desde la directiva, encabezada por Amadeo Salvo, es de calma y confianza. La temporada no está escrita… y el equipo, ahora, parece tener herramientas para escribirla mejor.





















































































