El Ibiza volvió a sentirse equipo grande lejos de la isla. Y lo hizo en un escenario incómodo, de esos donde hay que arremangarse, pelear cada balón y tener la cabeza fría cuando el partido se pone bronco. En El Maulí, los celestes se sacudieron de encima las dudas que venían arrastrando a domicilio y firmaron un triunfo contundente ante el Antequera (0-3), de esos que saben a golpe sobre la mesa en plena pelea por el ‘play-off’.
Tres puntos de oro. De los que pesan en la clasificación… y también en el ánimo.
El conjunto de Miguel Álvarez mostró una versión seria, madura, con el colmillo afilado cuando tocaba. Supo sufrir cuando el Antequera apretó y, cuando olió sangre, no perdonó. Así se construyen las victorias importantes.
Desde el primer momento el Ibiza quiso mandar. Salió con personalidad, tocando con criterio y empujando al Antequera hacia su propio campo. Los locales, eso sí, no regalaron nada. Bien plantados atrás, esperando su momento para salir al contragolpe y meter algún susto.
Y el primer aviso serio fue suyo.
Un córner que encontró la cabeza de Giménez hizo temblar el estadio. El remate se marchó rozando el poste de Ramón Juan, que ya empezaba a ponerse el mono de trabajo. Aquella jugada despertó el partido. A partir de ahí, el balón empezó a ir de área a área.
El Ibiza también probó suerte. Fran Castillo tuvo dos disparos prometedores que se marcharon altos, pero el equipo celeste ya empezaba a pisar territorio enemigo con más frecuencia.
El momento más delicado llegó en el minuto 35. De nuevo un córner para el Antequera… y esta vez el balón se paseó peligrosamente por la línea de gol hasta que Ramón Juan apareció como un felino para evitar el tanto. Media grada ya lo cantaba. Pero no.
Y ya se sabe cómo es el fútbol.
Cuando uno perdona… el otro golpea.
A falta de cuatro minutos para el descanso llegó el zarpazo ibicenco. Falta lateral, balón colgado con música por Theo Valls y Fran Castillo anticipándose en el primer palo para peinarla hacia la red. Un cabezazo con veneno que silenció El Maulí y puso el partido patas arriba justo antes de irse a vestuarios.
El Ibiza había encontrado oro en su pizarra.
Y lo mejor estaba por venir.
Nada más arrancar la segunda mitad, otro balón parado volvió a hacer daño. Esta vez la jugada nació de una falta botada por Fran Castillo al segundo palo. Nacho la prolongó con inteligencia y, en el corazón del área pequeña, Manu Pedre apareció como un delantero de toda la vida para empujar el segundo.
0-2. Jarro de agua helada para el Antequera.
El partido entró entonces en un terreno que al Ibiza le venía perfecto. Más interrupciones, más espacios y un rival obligado a estirarse. Los andaluces adelantaron líneas buscando un gol que les devolviera al partido, pero se toparon con un equipo celeste muy ordenado, muy serio y cada vez más cómodo.
El Antequera tuvo alguna aproximación peligrosa, la más clara en un remate de Marcelo que se marchó por encima del larguero cuando la grada ya se levantaba del asiento.
Pero el Ibiza no estaba para sustos.
Con el paso de los minutos el partido fue perdiendo ritmo… hasta que llegó la sentencia. En el 79, un balón suelto dentro del área quedó muerto entre un bosque de piernas y David García fue el más listo de la clase. Control, disparo y a la red.
0-3. Partido cerrado.
A partir de ahí, el Antequera tuvo más balón, pero el Ibiza defendió con orden, sin perder la compostura. Los minutos fueron cayendo uno tras otro hasta que el pitido final confirmó lo que ya se intuía desde hacía rato: los celestes habían firmado una victoria de peso.
De las que cambian dinámicas.
El Ibiza corta así su mala racha lejos de casa, se encarama a la sexta plaza con 38 puntos y vuelve a mirar de reojo la zona de ‘play-off’, que queda a solo dos puntos. El sueño del ascenso sigue muy vivo… y ahora vuelve a sentirse un poco más cerca.






















































































