En el fútbol, a veces un solo gol basta para cambiarlo todo. Después de dos jornadas sin ver puerta, el Formentera volvió a sonreír gracias a un tanto tan oportuno como necesario. Cristian Abreu fue el encargado de desatascar el juego ofensivo rojinegro y sellar un triunfo trabajado ante el Rotlet Molinar (1-0), en un duelo donde lo que estaba en juego pesaba más que el marcador.
El tanto llegó pronto, en el minuto 15, y tuvo el sabor de la redención. No solo por cortar la sequía goleadora que había empezado a generar dudas, sino por aportar tres puntos que permiten al conjunto de Maikel Romero respirar y mirar hacia arriba en la tabla. Con 11 unidades, el Formentera se coloca noveno y da un paso adelante en un campeonato en el que cada detalle cuenta.
Más allá del gol, el equipo mostró una versión más reconocible: sólido en defensa, generoso en el esfuerzo y con una actitud que recupera esa identidad competitiva que tantos réditos le dio en el pasado. La ansiedad por la falta de goles no se notó, o al menos no condicionó el plan de juego. Una vez por delante en el marcador, el Formentera supo gestionar los tiempos, jugar con inteligencia y no conceder opciones a un Rotlet Molinar que apenas inquietó.
Este triunfo no solo tiene valor numérico. Llega en el momento justo, como un impulso emocional antes de un compromiso de máxima intensidad: el derbi pitiuso ante el Portmany. Un clásico local que siempre trasciende lo deportivo, cargado de rivalidad, orgullo y emoción. Y en esa cita, el Formentera llegará con la moral renovada y el objetivo de consolidar sensaciones.
La próxima jornada, en Sant Antoni, se espera un duelo vibrante. El Formentera quiere dar continuidad a este golpe de efecto y demostrar que, más allá de los resultados, ha recuperado su esencia. Porque a veces, en este deporte, basta con un gol para encender la mecha. Y Abreu ya lo ha hecho.




















































































