La UD Ibiza avanza, pero no sin matices. El equipo ha encontrado cierta estabilidad defensiva con el paso de las semanas, una base reconocible que le permite competir. Sin embargo, hay una sensación que se repite jornada tras jornada… y no hace falta afinar mucho la vista para detectarla. Falta mordiente. Falta colmillo en los últimos metros.
El técnico Miguel Álvarez tiene claro el diagnóstico. El bloque funciona, la estructura está ahí, pero cuando el balón entra en la zona decisiva, el equipo se queda corto. No es una cuestión de intención, sino de recursos. De capacidad real para hacer daño cuando toca acelerar el pulso del partido.
En ese contexto aparece el primer refuerzo invernal. Max Svensson ya está en la isla y su llegada se interpreta como una necesidad más que como una oportunidad de mercado. Procede del fútbol portugués, un contexto exigente, aunque aterriza con el lógico peaje de quien necesita minutos para recuperar sensaciones. Aun así, el cuerpo técnico confía en que, una vez enchufado, pueda ofrecer soluciones inmediatas en una zona donde el equipo va justo. De hecho, su presencia en la próxima convocatoria está asegurada.
El mercado, eso sí, no se cierra con este movimiento. En los despachos se trabaja con una idea muy clara: reforzar la parcela ofensiva y las bandas. No solo para mejorar el once inicial, sino para algo igual de importante en esta categoría: disponer de alternativas desde el banquillo que permitan cambiar el guion cuando el partido se atasca. Ahí, la UD Ibiza sigue teniendo margen de mejora… y lo sabe.
La semana de entrenamientos tampoco ha sido especialmente cómoda. Cuatro ausencias obligaron a ajustar dinámicas y apoyarse en jugadores del filial para completar las sesiones. Aun así, el plan no se ha alterado. El equipo ha seguido preparando el próximo compromiso con normalidad, sin dramatismos ni excusas.
Enfrente estará el Cartagena, un rival con identidad clara y gusto por el fútbol asociativo. Un equipo trabajado, con calidad y argumentos. Justo el tipo de examen que permite medir hasta dónde llega la evolución del Ibiza… y si ese paso adelante en ataque empieza, por fin, a asomar.




















































































