Fede Vico pide calma y fe en el nuevo rumbo de la UD Ibiza

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El vestuario de la UD Ibiza respira otro aire. No se trata todavía de euforia ni de celebración, pero sí de una sensación clara de reconstrucción. Entre los que mejor perciben ese cambio está Fede Vico, un futbolista experimentado que conoce de sobra los vaivenes del fútbol y que hoy repite una idea que suena a mantra dentro del grupo: el equipo puede —y debe— dar mucho más.

La temporada arrancó con ilusión desbordada, con un equipo que se situó en los primeros puestos desde las primeras jornadas. Sin embargo, el propio Vico reconoce que aquella versión inicial tenía más brillo que fondo. Las victorias llegaban, sí, pero el juego no terminaba de convencer. Hoy, con el paso de las semanas y la llegada de un nuevo entrenador, la historia parece tomar otro tono. El esfuerzo, el compromiso y la solidaridad en el campo han ido ganando terreno. Falta aún el golpe de inspiración, ese acierto con el balón que marca la diferencia entre sumar uno o sumar tres. Pero la sensación general es que el grupo empieza a mirar hacia adelante con convicción.

El cambio de técnico ha traído nuevos matices. Las ideas se van asimilando poco a poco, porque —como suele decirse— cada entrenador tiene su forma de entender el juego. Los jugadores son los mismos, pero el libreto es distinto. Y ese proceso de adaptación requiere paciencia. En el caso de Vico, la veteranía le permite leer bien esos momentos: no hay que precipitarse, ni dejarse llevar por la ansiedad de la clasificación. A su juicio, hablar de objetivos o valoraciones cuando apenas se ha superado el primer tercio del campeonato no tiene sentido.

El futbolista andaluz lo resume con una metáfora sencilla: primero hay que aprender a andar antes de querer correr. Por eso, su mirada está puesta en el presente inmediato, en el próximo partido, en la necesidad de reencontrarse con la victoria para calmar el ambiente y reforzar la confianza del grupo.

El calendario ofrece ahora una oportunidad de oro. Este fin de semana, el conjunto celeste recibe al Betis Deportivo, colista de la categoría. No hay que fiarse, pero sí reconocer que puede ser el momento ideal para dar un golpe sobre la mesa. Vico lo ve como un punto de inflexión: ganar significaría despejar dudas, recuperar alegría y, sobre todo, dejar atrás esa sensación de irregularidad que ha acompañado al equipo en los últimos encuentros.

Defensivamente, los avances son evidentes. En los últimos tres partidos, la UD Ibiza ha mostrado una versión mucho más sólida, encajando apenas dos goles —ambos desde el punto de penalti— y transmitiendo la serenidad que antes faltaba. El bloque se siente más compacto, más junto, más difícil de romper. Ahora, el reto pasa por el otro extremo del campo: crear más, generar peligro y aprovechar las oportunidades.

El propio Vico, que se ha movido por distintas zonas del terreno de juego, sabe adaptarse a lo que el técnico necesite. Ha jugado en banda, por dentro, incluso más atrás si el contexto lo pedía. Aun así, tiene claro que disfruta más cuando puede moverse con libertad entre líneas, cuando se le permite recibir el balón, mirar al frente y filtrar ese pase que rompe defensas. Es ahí donde se siente realmente útil, donde su talento y visión encuentran espacio para brillar.

Con todo, el mensaje que deja el jugador es de serenidad. No hay dramatismos ni promesas vacías. Solo trabajo, tiempo y una confianza firme en el camino emprendido. El nuevo proyecto apenas echa a andar, pero dentro del vestuario ya se percibe algo diferente: una idea más clara, un compromiso común y, sobre todo, la sensación de que lo mejor aún está por venir.

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