Un Ibiza que necesita puntería para arrancar

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La UD Ibiza llega al fin de semana con esa sensación extraña de quien hace casi todo bien… pero el gol se resiste. El equipo ha afinado ideas, ha corregido desajustes y ha recuperado certezas, pero le falta ese detalle final que cambia un partido. Un acierto. Nada más y nada menos. Esa es la palabra que sobrevuela Can Misses mientras el grupo se prepara para recibir al Algeciras este domingo al mediodía.

El vestuario, pese a todo, respira algo más ligero. Las últimas semanas han servido para recolocar emociones, bajar pulsaciones y reforzar automatismos que parecían adormecidos. El cuerpo técnico ha insistido en entrenamientos pensados para que el futbolista vuelva a sentirse fuerte, útil, sin esa losa que aparece cuando las cosas no salen. Sesiones más humanas que tácticas, más de recuperar sensaciones que de buscar la perfección. Un pequeño reseteo mental.

Aun así, el fútbol no suele esperar a nadie. Todo va rápido, demasiado rápido. Un día se habla de paciencia y al siguiente media liga ya ha cambiado de entrenador. Por eso el Ibiza intenta blindarse ante lo que pase fuera. Ni la euforia cuando salga bien, ni el abatimiento cuando toque sufrir. El objetivo es otro: que cada jugador compita con la cabeza limpia, sin miedo a fallar.

Lo cierto es que el equipo ya dejó señales de vida ante el Europa. Allí se vio a un Ibiza más valiente, más insistente, empujando hasta convertir el área rival en una especie de lluvia constante de centros y llegadas. Cuarenta balones colgados, ocasiones en transiciones rápidas, jugadas a balón parado… de todo un poco, salvo lo más importante: rematar la faena. Faltó el último toque, ese giro de muñeca invisible que convierte el dominio en gol.

Y si hay un grupo que nota ese peso, ese runrún, es la delantera. Ser atacante, hoy, es casi un oficio de funambulista: todo está tan estudiado, tan controlado, que cualquier decisión debe tomarse en un segundo. Davo, Sofiane y compañía lo intentan, siguen creyendo, aunque acumular partidos sin ver puerta nunca es plato de buen gusto. Aun así, la confianza no está rota; solo necesita un gol que libere.

En la última jornada, la grada también jugó su propio partido. Can Misses rugió cuando más falta hacía, levantó al equipo en los minutos de máxima angustia y terminó empujando como si hubiera veinte mil personas más. Esa comunión no siempre se ve en categorías donde los nervios mandan, pero en Ibiza, cuando la afición siente que el equipo va, se engancha sin pensarlo.

Otra de las buenas noticias llega con la vuelta progresiva de Gallar, que empieza a recuperar espacio en la pizarra. Su polivalencia en ataque abre posibilidades: puede caer a banda, meterse por dentro o aparecer entre líneas, igual que Fede, que vive un momento de dinámica ascendente. Y en medio de todo esto, un Bebé que atraviesa un estado de forma tan poderoso que parece obligado a jugar siempre cerca del área, donde su golpeo intimida de verdad.

El Ibiza no atraviesa un mal momento de juego, ni de ánimo, ni de sensaciones. Le falta ese clic que transforma el esfuerzo en tres puntos. Los brotes verdes ya han dejado de ser tímidos. Ahora toca que florezcan en el marcador.

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