La SD Ibiza sobrevivió a una mañana de puro vértigo en el campo del Poblense, donde el líder apretó de principio a fin. El plan era claro: cerrar filas, aguantar el chaparrón y esperar que el partido se enfriara. Y, aunque el balón apenas les duró en los pies, el guion salió… más o menos. El empate sin goles vale oro, sobre todo porque el equipo consigue asomar la cabeza fuera del descenso. Pequeño paso, pero paso al fin y al cabo.
El arranque dejó helados a los ibicencos. Nada más empezar, el Poblense lanzó una advertencia seria y, en un par de acciones, rozó el gol. Una salida en falso de Edu Frías en un córner puso el corazón en la boca a los visitantes, que vieron cómo la pelota se iba por encima del larguero por pura fortuna. Eran minutos de sobrevivir como fuera, de despejar sin mirar demasiado y confiar en que el empuje mallorquín bajara de intensidad.
Poco a poco, el duelo se equilibró… o al menos dejó de ser un monólogo. Eso sí, la SD Ibiza seguía sin conectar dos pases seguidos. Cada recuperación terminaba en un balón largo hacia Álex Sánchez, un respiro momentáneo antes de volver a correr hacia atrás. Aun así, la defensa comenzó a sostenerse mejor y Frías intervino con seguridad en un disparo lejano que no llegó a complicarle la vida.
La jugada más surrealista llegó pasada la media hora. Un centro de Nofre golpeó en el larguero, subió al cielo, volvió a caer sobre la misma madera y regresó al campo como si el balón estuviera jugando con los nervios de todos. El rechace cayó muerto en el área pequeña, pero Prohens no acertó a empujarla y Frías terminó atrapándola con un suspiro de alivio colectivo. Fue lo más parecido a un milagro antes del descanso.
La segunda mitad mantuvo la misma dinámica: el Poblense con la iniciativa, la SD Ibiza cerrando huecos y arañando segundos cada vez que podía. Al menos, el balón les duró un poco más, lo justo para evitar que aquello se convirtiera en un asedio constante. El susto grande llegó a balón parado, cuando Aitor Pons encaraba el área y fue derribado por Villar. La amarilla supo a gloria. El lanzamiento de la falta se estrelló en la barrera, una señal de que quizá la tarde iba a aguantar sin sobresaltos mayores.
Con los cambios, los de Raúl Casañ trataron de oxigenar piernas y sostener el empate en la recta final. El partido se enfrió, el Poblense perdió algo de chispa y parecía que el 0-0 estaba atado. Hasta que, en el 93, todo volvió a temblar: Prohens apareció solo ante Frías y el portero sacó una mano salvadora que vale un punto y, probablemente, un buen puñado de confianza para lo que viene.
La SD Ibiza se marcha del campo del líder con un empate sufrido, trabajado y, sobre todo, necesario. Un resultado que no enamora, pero que sostiene. Y ahora, con un poco más de aire, toca mirar hacia adelante. Fuente: Periódico de Ibiza y Formentera






















































































