La plaza de la Iglesia de Puig d’en Valls recuperó este miércoles una de esas escenas que muchos creían casi perdidas: niños y niñas sentados en el suelo, álbum en mano, un buen montón de cromos repetidos y una pregunta que se escuchó durante toda la tarde: «¿Lo tienes?».
La quedada para intercambiar cromos del Mundial, organizada por varias librerías junto a Jorge Castellano, residente en Santa Eulària, reunió a decenas de chicos, chicas y familias en un ambiente sencillo, cercano y muy futbolero. No hizo falta mucho más que una plaza, ilusión y ganas de encontrar ese cromo que se resiste desde hace días.
Durante unas horas, Puig d’en Valls volvió a parecerse a aquellos patios de colegio y calles de barrio donde otras generaciones pasaban las tardes cambiando cromos antes de entrar a clase, al salir del entrenamiento o sentados en cualquier banco. Antes no había aplicaciones para controlar las colecciones ni grupos de WhatsApp para localizar el cromo que faltaba. Había paciencia, conversación y el clásico «te cambio este por dos», «ese no, que es difícil» o «me falta ese para acabar la página».
No importaba la edad. Mientras los más pequeños enseñaban orgullosos sus álbumes, muchos padres no podían evitar recordar aquellas tardes de su infancia en las que ellos también recorrían el barrio buscando el cromo imposible. Cambian los protagonistas, cambian las colecciones, pero la emoción sigue siendo exactamente la misma cuando aparece esa pegatina que parecía imposible de conseguir.
Esa parte del juego, la de mirar a los ojos, negociar, compartir y celebrar cuando por fin aparece el cromo esperado, fue precisamente una de las grandes protagonistas de la jornada. En una época en la que muchos niños pasan buena parte de su tiempo libre delante de una pantalla, iniciativas como esta demuestran que todavía hay espacio para volver a disfrutar del fútbol de otra manera, fomentando la convivencia, las relaciones entre los más jóvenes y el juego al aire libre.

La cita también llega en plena fiebre por la colección oficial del Mundial de Panini, marcada por las dificultades para encontrar sobres y álbumes debido a la enorme demanda. En Ibiza, según comentaban numerosas familias, el material está llegando a cuentagotas a los puntos de venta, lo que ha provocado que completar la colección sea todavía más complicado. Precisamente por eso, encuentros como el de este miércoles han permitido que muchos niños y niñas avanzaran notablemente en sus álbumes e, incluso, que algunos consiguieran completar la colección gracias al intercambio de cromos.
Como era de esperar, los más buscados fueron los de las grandes estrellas. Messi y Cristiano Ronaldo encabezaron la lista de los cromos más deseados de la tarde, aunque también hubo otros jugadores muy cotizados que hicieron que más de una negociación se alargara durante varios minutos.
«Lo más bonito ha sido ver a los niños hablar entre ellos, negociar los cambios y hacer amigos. Hoy en día todo va muy deprisa y las pantallas ocupan mucho tiempo. Ver una plaza llena de chavales disfrutando simplemente de cambiar cromos es una imagen que merece la pena repetir», señaló Jorge Castellano, uno de los impulsores de la iniciativa, quien explicó que, tras la gran acogida, es muy posible que el próximo miércoles se organice una nueva quedada.
La imagen que dejó la plaza de la Iglesia fue la de decenas de familias compartiendo una misma afición. Padres ayudando a sus hijos a revisar los repetidos, niños recorriendo la plaza en busca del cromo que les faltaba y conversaciones entre personas que, hasta ese momento, ni siquiera se conocían.
Quizá dentro de unos años muchos de los niños que este miércoles llenaron la plaza de Puig d’en Valls no recuerden cuántos cromos cambiaron ni cuál fue el último que pegaron en su álbum. Lo que seguramente sí recordarán será aquella tarde de verano en la que una simple colección consiguió reunir a decenas de familias alrededor de una misma pasión. Porque, al final, el fútbol también se vive así: compartiendo, haciendo amigos y creando recuerdos que van mucho más allá de lo que vale un cromo.




























































































