Por Pablo Sierra del Sol

Más jugadores, equipos y entrenadores que hace diez años. Si la cantera del fútbol pitiuso se mira en el espejo, su aspecto es más saludable que en 2008. El dato que mejor explica el avance de las categorías inferiores es el nivel de formación de los técnicos. “Ahora están mucho más preparados. Hace diez años, aunque la situación había empezado a cambiar, aún bebíamos un poco del método antiguo. Había más voluntad que conocimiento. En esta década se han multiplicado los cursos de formación y se ha despertado el interés de generaciones muy diferentes de entrenadores por aprender y reciclarse. Esos esfuerzos por mejorar los notan los chavales”, explica Juanjo Bertomeu. Su club, la PenyaBlanc-i-Blava es referencia en la cantera pitiusa. Fundado en 1994, siguiendo el ejemplo de entidades formadoras como el Antiguoko donostiarra o la Damm barcelonesa, la Blanc-i-Blava se ha centrado exclusivamente en la cantera. “Ahora hay muchos juveniles”, dice Bertomeu, “que me piden que hagamos un equipo sénior para jugar en Regional porque no quieren irse del club. Durante estos veinticuatro años hemos conseguido crear en muchos chicos un sentido de pertenencia”. Bertomeu, que es perico por los cuatro costados, no puede separar las palabras fútbol y pasión. “Es verdad que ahora estamos demasiado pendientes del Barça y del Madrid; es más, diría que a los grandes medios solo les interesa hablar de Messi y Cristiano Ronaldo. Esa mediatización del fútbol afecta, evidentemente, a los chicos más jóvenes… y también a sus padres”.

Nacho Andrés empezó a jugar en el Portmany con ocho años y, pese a que se puso una temporada la camiseta del juvenil de la SD Ibiza, no abandonó el equipo de su pueblo hasta los dieciocho, cuando se marchó de la isla para seguir estudiando. A los veinticuatro volvió a Sant Antoni y sus pasos se encaminaron nuevamente hacia el campo de fútbol. Estaba naciendo un entrenador de cantera. “La vocación del fútbol es algo que llevas dentro desde pequeño. En mi caso, además, se une la identificación que yo tengo con el Portmany, que es el club de mi vida. Si no, no le dedicaría tantísimas horas a la semana. Mi suerte es que mi pareja lo entiende perfectamente y que dos de mis tres hijos juegan en la cantera”. Andrés ha sido entrenador, coordinador los últimos ocho años y, dentro de unos días, encabezará una candidatura para presidir el Portmany, que cambiará de junta directiva después de que Francisco Parra haya cumplido su segundo mandato al frente de la entidad sanantoniense. Igual que Bertomeu, piensa que ha habido cambios profundos en este deporte: “Ahora priman otras cosas sobre el esfuerzo y la diversión. El fútbol se ha idealizado por la imagen que se proyecta de los cracks en la televisión o internet. Nosotros tenemos que luchar contra eso. Les recordamos a los chavales que pasan por nuestra base que el fútbol es conjunto, que sin sus compañeros no son nadie. Está claro que la cantera tiene que competir, pero no hay que acelerar el proceso: hasta cadetes son más importantes los valores que se inculcan que los resultados que se consiguen”.

Tres hombres de cantera afrontan con optimismo el futuro de nuestro fútbol.

Los que no entienden muchas veces esa norma que evita el endiosamiento de un chaval que juega bien al fútbol en un equipo de pueblo son los padres de las criaturas. Bien lo sabe Rafa Roldán, el coordinador de la cantera del Club Ebusus Insular. La temporada pasada tuvo que enfrentarse a una situación muy desagradable. Un padre intentó pegar al entrenador del equipo de su hijo por no sacar a su crío. En un partido de alevines. De niños de ocho y nueve años. “Cuando te encuentras delante de un problema tan grave tienes que ser tajante. No caben medias tintas. Hay que tomar medidas y dejar claro que en una escuela de fútbol como la nuestra no nos marcamos el objetivo de ganar la Copa de Europa”, dice Rafa Roldán. Nacho Andrés pone un ejemplo en primera persona: “Cuando yo jugaba ni se me ocurría llegar a casa y decirle a mi padre que mi entrenador no tenía ni idea de fútbol”. Y Juanjo Bertomeu ahonda un poco más en la asignatura pendiente del fútbol de cantera: “El rol que tienen los padres ha cambiado en muchos casos. Hace años, traían al niño al entrenamiento y se olvidaban del fútbol. Ahora algunos quieren quedarse a verlo entrenar. Se opina de cómo se entrena y se juega. Hasta en el fútbol-8, donde están los pequeñajos que juegan en la escuelita y en prebenjamines [de tres a seis años], notas esa presión”. Rafa Roldán quiere ser optimista en este asunto. Cree que poco a poco se están dando pasos en la dirección correcta. “Afortunadamente, los adultos empiezan a concienciarse de que no pueden ir a ver a sus hijos a chillar como energúmenos. En general, cada vez hay más respeto y educación. La gente se está dando cuenta de que su comportamiento influye a los niños”.

Según Bertomeu, la solución pasa porque la sociedad entienda que entrenar a un equipo de fútbol, aunque sea de niños pequeños, “es mucho más que poner conos”. Y en casi todos los clubes de la isla, cada vez hay más adolescentes que quieren ponerse en la piel del director técnico y competir desde el otro lado de la banda. “Es una bendición cuando tienes a un chico del cadete o del juvenil que se interesa por ayudar al entrenador de un benjamín o alevín. Incentivar a ese futbolista del club a que mate el gusanillo de entrenar y empiece a formarse significa matar dos pájaros de un tiro. Por un lado, va a comprender mucho mejor las decisiones que tome su entrenador. Por otro, cuando cuelgue las botas, tendrás a un entrenador titulado que ayudará a fortalecer la estructura de la entidad”. Rafa Roldán dice que esa vocación mantiene vinculados a muchos jóvenes al deporte que aman. Si son buenos estudiantes, a los dieciséis o diecisiete años empiezan a priorizar los libros a la pelota porque se están jugando entrar en la universidad. “Aprender a entrenar es una tercera vía que aparece en el momento más duro, cuando se dan cuenta de que no van a poder salir a un equipo de fuera de la isla y se ven con la obligación de decidir si cuelgan las botas o siguen jugando”, cuenta Roldán, que además de ocuparse de la base del Insular es el coordinador de las selecciones inferiores de Ibiza y Formentera. Nacho Andrés explica que en el Portmany ocurre lo mismo y que el club, el más grande de su municipio, necesita que sus canteranos se conviertan en monitores, primero, y en técnicos, después. Los sanantonienses tienen diecisiete equipos, dos escuelas y casi trescientos jugadores inscritos en la Delegación Pitiusa de Fútbol. “Y hay lista de espera, no damos abasto para formar a más equipos. Ojalá pueda construirse otro campo de fútbol-11 en Sant Antoni. Lo necesitamos”. De momento, el césped del campo municipal se cambiará durante las próximas semanas por primera vez desde que se instaló hace casi dos décadas.

Nacho Andrés (i), Rafa Roldán (c) y Juanjo Bertomeu posan con dos jóvenes futbolistas del Portmany y la Penya Blanc i Blava.

“Las instalaciones han mejorado mucho a nivel insular y eso repercute en nuestro trabajo diario”, dice Bertomeu. El presidente de la Blanc-i-Blava gestiona una entidad que suma también trescientos futbolistas y de la que han salido nombres como Jordi Tur, que ha estado en la Masia y ahora forma parte del Cádiz B, Mario Riquelme, que pertenece al Mallorca u Omar de la Cruz, que milita en la Damm. Pese a encontrar perlas en la base ibicenca, la tara del aislamiento se sigue notando. Los canteranos de la isla compiten peor que los de la península o los de Mallorca. Los descensos en Liga Nacional juvenil de Portmany y PenyaBlanc-i-Blava, unidos a las dificultades de la Peña Deportiva para confeccionar una plantilla mínimamente competitiva en División de Honor lo confirman. “Y no es porque nuestros futbolistas sean peores sino porque cada temporada acumulan muy pocos partidos realmente competitivos”, dice Bertomeu, “y cuando subes a un nivel más serio, te pueden barrer”. Nacho Andrés cree que, aunque sea difícil que un futbolista nacido en Ibiza se consolide en el fútbol profesional, en los últimos diez años ese sueño se ha hecho más real. “En mi época de futbolista para que alguien te sacase de la isla tenías que contar con muy buenos padrinos. Costaba mucho que te hicieran una prueba con un equipo grande. En el Portmany estamos orgullosos de que cada año muchos chicos salgan a probar. Nosotros les ayudamos en todo lo que podemos. Es difícil que se ganen una plaza en una cantera de un club Primera División, pero en nuestro historial hay casos, como el de Marquitos, que demuestran que es posible llegar al profesionalismo”.

La muestra de que el Portmany sigue siendo una fábrica de talento está en las plantillas que compiten en Regional: la mayoría de los clubes que pagan una cantidad modesta a sus futbolistas tiene a antiguos canteranos del club sanantoniense que, curiosamente, dejó de pagar hace cuatro años a los integrantes del equipo sénior para centrar todo su potencial económico en las categorías inferiores. “Cuando Parra tomó esa decisión creo que acertó de lleno. Lo primero es el club”, dice Andrés. Él, como Bertomeu y Roldán, sabe muy bien que las jornadas extralaborales de los que se implican en un proyecto así son maratonianas. Se va al campo después de trabajar y se vuelve a casa a las diez o las once de la noche. En el durante, se cuadran horarios, se tramitan fichas, se organizan campus cuando se acerca el verano. Las cuotas del fútbol base sostienen las cuentas del club. Y no siempre es sencillo cobrarlas. Muchas familias son mileuristas y hacen un esfuerzo para que sus hijos jueguen a fútbol. Detrás de cada pequeño futbolista hay una historia diferente. Hay que aplicar grandes dosis de empatía. Sin paciencia y mucho entusiasmo sería imposible que estas entidades, que ayudan a crear el tejido social de la isla, siguieran caminando.

“Las casas hay que construirlas desde abajo y los clubes que se olvidan de la cantera acaban hundiéndose”. Rafa Roldán también es tajante con este tema. Él vivió desde dentro la metamorfosis del Atlético Isleño, que durante los noventa fue el emblema de la cantera ibicenca junto al Club de Fútbol Rapid. “Cuando la directiva quiso subir al Isleño a Tercera”, dice Roldán, “se desatendió por completo a la base, que casi desaparece. El equipo compitió dos años en categoría nacional, pero la situación económica era insostenible. Al bajar no quedó nada”. En el Insular desde hace ocho años, Roldán ha visto crecer la cantera de un club acostumbrado a ser el patito feo entre las entidades de Vila. Aunque clubes como la Blanc-i-Blava cuentan hasta con cuatro equipos por categoría para adaptarse a todos los niveles, el Insular se vio durante muchos años obligado a federar a los chavales que descartaban en otras entidades. Campaña a campaña, la cantidad de futbolistas ha ido aumentando. El nivel, también. Ahora tienen 144 fichas y este verano van a organizar por primera vez unas jornadas de tecnificación. Además, son filial del Club Deportivo Ibiza. Roldán se alegra de que “haya subido a Tercera” y que se siga confiando en “Iván Córdoba y Damián Massanet, dos técnicos que valoran el talento joven”. “Para nosotros es muy importante que los chicos sepan que si dan el cien por cien pueden aspirar a jugar en una categoría como Tercera División. Y, al mismo tiempo, un club ibicenco que estuviera a ese nivel debería nutrirse de jugadores de la isla”.

Juanjo Bertomeu va más allá y cree que para la cantera insular sería muy positivo contar con un club asentado “como mínimo en Segunda B”. “Y que se acordara de los jugadores de la isla, claro, en la medida de lo posible”. Bertomeu se recuerda de niño yendo con su padre al desaparecido Estadio de Sarrià para ver los partidos del Espanyol y cree que no hay mejor manera de inculcar la pasión por la pelota en los chicos. “En un partido de auténticos profesionales ves cosas que se escapan cuando ves el fútbol por la tele. Notas la tensión, la emoción, la intensidad. Observas mucho mejor los movimientos sin balón, cómo se actúa en los banquillos, el comportamiento de los árbitros… Sé que es difícil, mucho, pero me encantaría ver a algún equipo de Ibiza en el fútbol profesional. Creo que todos saldríamos ganando”.

Construir la casa por los pilares

Por Pablo Sierra del Sol Más jugadores, equipos y entrenadores que hace diez años. Si la cantera del fútbol pitiuso se mira en el espejo, su aspecto es más saludable que en 2008. El dato que mejor explica el avance de las categorías inferiores es el nivel de formación de los técnicos. “Ahora están mucho más preparados. Hace diez años, aunque la situación había empezado a cambiar, aún bebíamos un poco del método antiguo. Había más voluntad que conocimiento. En esta década se han multiplicado los cursos de formación y se ha despertado el interés de generaciones muy diferentes de entrenadores por aprender y reciclarse. Esos esfuerzos por mejorar los notan los chavales”, explica Juanjo Bertomeu. Su club, la PenyaBlanc-i-Blava es referencia en la cantera pitiusa. Fundado en 1994, siguiendo el ejemplo de entidades formadoras como el Antiguoko donostiarra o la Damm barcelonesa, la Blanc-i-Blava se ha centrado exclusivamente en la cantera. “Ahora hay muchos juveniles”, dice Bertomeu, “que me piden que hagamos un equipo sénior para jugar en Regional porque no quieren irse del club. Durante estos veinticuatro años hemos conseguido crear en muchos chicos un sentido de pertenencia”. Bertomeu, que es perico por los cuatro costados, no puede separar las palabras fútbol y pasión. “Es verdad que ahora estamos demasiado pendientes del Barça y del Madrid; es más, diría que a los grandes medios solo les interesa hablar de Messi y Cristiano Ronaldo. Esa mediatización del fútbol afecta, evidentemente, a los chicos más jóvenes… y también a sus padres”. Nacho Andrés empezó a jugar en el Portmany con ocho años y, pese a que se puso una temporada la camiseta del juvenil de la SD Ibiza, no abandonó el equipo de su pueblo hasta los dieciocho, cuando se marchó de la isla para seguir estudiando. A los veinticuatro volvió a Sant Antoni y sus pasos se encaminaron nuevamente hacia el campo de fútbol. Estaba naciendo un entrenador de cantera. “La vocación del fútbol es algo que llevas dentro desde pequeño. En mi caso, además, se une la identificación que yo tengo con el Portmany, que es el club de mi vida. Si no, no le dedicaría tantísimas horas a la semana. Mi suerte es que mi pareja lo entiende perfectamente y que dos de mis tres hijos juegan en la cantera”. Andrés ha sido entrenador, coordinador los últimos ocho años y, dentro de unos días, encabezará una candidatura para presidir el Portmany, que cambiará de junta directiva después de que Francisco Parra haya cumplido su segundo mandato al frente de la entidad sanantoniense. Igual que Bertomeu, piensa que ha habido cambios profundos en este deporte: “Ahora priman otras cosas sobre el esfuerzo y la diversión. El fútbol se ha idealizado por la imagen que se proyecta de los cracks en la televisión o internet. Nosotros tenemos que luchar contra eso. Les recordamos a los chavales que pasan por nuestra base que el fútbol es conjunto, que sin sus compañeros no son nadie. Está claro que la cantera tiene que competir, pero no hay que acelerar el proceso: hasta cadetes son más importantes los valores que se inculcan que los resultados que se consiguen”.
Tres hombres de cantera afrontan con optimismo el futuro de nuestro fútbol.
Los que no entienden muchas veces esa norma que evita el endiosamiento de un chaval que juega bien al fútbol en un equipo de pueblo son los padres de las criaturas. Bien lo sabe Rafa Roldán, el coordinador de la cantera del Club Ebusus Insular. La temporada pasada tuvo que enfrentarse a una situación muy desagradable. Un padre intentó pegar al entrenador del equipo de su hijo por no sacar a su crío. En un partido de alevines. De niños de ocho y nueve años. “Cuando te encuentras delante de un problema tan grave tienes que ser tajante. No caben medias tintas. Hay que tomar medidas y dejar claro que en una escuela de fútbol como la nuestra no nos marcamos el objetivo de ganar la Copa de Europa”, dice Rafa Roldán. Nacho Andrés pone un ejemplo en primera persona: “Cuando yo jugaba ni se me ocurría llegar a casa y decirle a mi padre que mi entrenador no tenía ni idea de fútbol”. Y Juanjo Bertomeu ahonda un poco más en la asignatura pendiente del fútbol de cantera: “El rol que tienen los padres ha cambiado en muchos casos. Hace años, traían al niño al entrenamiento y se olvidaban del fútbol. Ahora algunos quieren quedarse a verlo entrenar. Se opina de cómo se entrena y se juega. Hasta en el fútbol-8, donde están los pequeñajos que juegan en la escuelita y en prebenjamines [de tres a seis años], notas esa presión”. Rafa Roldán quiere ser optimista en este asunto. Cree que poco a poco se están dando pasos en la dirección correcta. “Afortunadamente, los adultos empiezan a concienciarse de que no pueden ir a ver a sus hijos a chillar como energúmenos. En general, cada vez hay más respeto y educación. La gente se está dando cuenta de que su comportamiento influye a los niños”. Según Bertomeu, la solución pasa porque la sociedad entienda que entrenar a un equipo de fútbol, aunque sea de niños pequeños, “es mucho más que poner conos”. Y en casi todos los clubes de la isla, cada vez hay más adolescentes que quieren ponerse en la piel del director técnico y competir desde el otro lado de la banda. “Es una bendición cuando tienes a un chico del cadete o del juvenil que se interesa por ayudar al entrenador de un benjamín o alevín. Incentivar a ese futbolista del club a que mate el gusanillo de entrenar y empiece a formarse significa matar dos pájaros de un tiro. Por un lado, va a comprender mucho mejor las decisiones que tome su entrenador. Por otro, cuando cuelgue las botas, tendrás a un entrenador titulado que ayudará a fortalecer la estructura de la entidad”. Rafa Roldán dice que esa vocación mantiene vinculados a muchos jóvenes al deporte que aman. Si son buenos estudiantes, a los dieciséis o diecisiete años empiezan a priorizar los libros a la pelota porque se están jugando entrar en la universidad. “Aprender a entrenar es una tercera vía que aparece en el momento más duro, cuando se dan cuenta de que no van a poder salir a un equipo de fuera de la isla y se ven con la obligación de decidir si cuelgan las botas o siguen jugando”, cuenta Roldán, que además de ocuparse de la base del Insular es el coordinador de las selecciones inferiores de Ibiza y Formentera. Nacho Andrés explica que en el Portmany ocurre lo mismo y que el club, el más grande de su municipio, necesita que sus canteranos se conviertan en monitores, primero, y en técnicos, después. Los sanantonienses tienen diecisiete equipos, dos escuelas y casi trescientos jugadores inscritos en la Delegación Pitiusa de Fútbol. “Y hay lista de espera, no damos abasto para formar a más equipos. Ojalá pueda construirse otro campo de fútbol-11 en Sant Antoni. Lo necesitamos”. De momento, el césped del campo municipal se cambiará durante las próximas semanas por primera vez desde que se instaló hace casi dos décadas.
Nacho Andrés (i), Rafa Roldán (c) y Juanjo Bertomeu posan con dos jóvenes futbolistas del Portmany y la Penya Blanc i Blava.
“Las instalaciones han mejorado mucho a nivel insular y eso repercute en nuestro trabajo diario”, dice Bertomeu. El presidente de la Blanc-i-Blava gestiona una entidad que suma también trescientos futbolistas y de la que han salido nombres como Jordi Tur, que ha estado en la Masia y ahora forma parte del Cádiz B, Mario Riquelme, que pertenece al Mallorca u Omar de la Cruz, que milita en la Damm. Pese a encontrar perlas en la base ibicenca, la tara del aislamiento se sigue notando. Los canteranos de la isla compiten peor que los de la península o los de Mallorca. Los descensos en Liga Nacional juvenil de Portmany y PenyaBlanc-i-Blava, unidos a las dificultades de la Peña Deportiva para confeccionar una plantilla mínimamente competitiva en División de Honor lo confirman. “Y no es porque nuestros futbolistas sean peores sino porque cada temporada acumulan muy pocos partidos realmente competitivos”, dice Bertomeu, “y cuando subes a un nivel más serio, te pueden barrer”. Nacho Andrés cree que, aunque sea difícil que un futbolista nacido en Ibiza se consolide en el fútbol profesional, en los últimos diez años ese sueño se ha hecho más real. “En mi época de futbolista para que alguien te sacase de la isla tenías que contar con muy buenos padrinos. Costaba mucho que te hicieran una prueba con un equipo grande. En el Portmany estamos orgullosos de que cada año muchos chicos salgan a probar. Nosotros les ayudamos en todo lo que podemos. Es difícil que se ganen una plaza en una cantera de un club Primera División, pero en nuestro historial hay casos, como el de Marquitos, que demuestran que es posible llegar al profesionalismo”. La muestra de que el Portmany sigue siendo una fábrica de talento está en las plantillas que compiten en Regional: la mayoría de los clubes que pagan una cantidad modesta a sus futbolistas tiene a antiguos canteranos del club sanantoniense que, curiosamente, dejó de pagar hace cuatro años a los integrantes del equipo sénior para centrar todo su potencial económico en las categorías inferiores. “Cuando Parra tomó esa decisión creo que acertó de lleno. Lo primero es el club”, dice Andrés. Él, como Bertomeu y Roldán, sabe muy bien que las jornadas extralaborales de los que se implican en un proyecto así son maratonianas. Se va al campo después de trabajar y se vuelve a casa a las diez o las once de la noche. En el durante, se cuadran horarios, se tramitan fichas, se organizan campus cuando se acerca el verano. Las cuotas del fútbol base sostienen las cuentas del club. Y no siempre es sencillo cobrarlas. Muchas familias son mileuristas y hacen un esfuerzo para que sus hijos jueguen a fútbol. Detrás de cada pequeño futbolista hay una historia diferente. Hay que aplicar grandes dosis de empatía. Sin paciencia y mucho entusiasmo sería imposible que estas entidades, que ayudan a crear el tejido social de la isla, siguieran caminando.
“Las casas hay que construirlas desde abajo y los clubes que se olvidan de la cantera acaban hundiéndose”. Rafa Roldán también es tajante con este tema. Él vivió desde dentro la metamorfosis del Atlético Isleño, que durante los noventa fue el emblema de la cantera ibicenca junto al Club de Fútbol Rapid. “Cuando la directiva quiso subir al Isleño a Tercera”, dice Roldán, “se desatendió por completo a la base, que casi desaparece. El equipo compitió dos años en categoría nacional, pero la situación económica era insostenible. Al bajar no quedó nada”. En el Insular desde hace ocho años, Roldán ha visto crecer la cantera de un club acostumbrado a ser el patito feo entre las entidades de Vila. Aunque clubes como la Blanc-i-Blava cuentan hasta con cuatro equipos por categoría para adaptarse a todos los niveles, el Insular se vio durante muchos años obligado a federar a los chavales que descartaban en otras entidades. Campaña a campaña, la cantidad de futbolistas ha ido aumentando. El nivel, también. Ahora tienen 144 fichas y este verano van a organizar por primera vez unas jornadas de tecnificación. Además, son filial del Club Deportivo Ibiza. Roldán se alegra de que “haya subido a Tercera” y que se siga confiando en “Iván Córdoba y Damián Massanet, dos técnicos que valoran el talento joven”. “Para nosotros es muy importante que los chicos sepan que si dan el cien por cien pueden aspirar a jugar en una categoría como Tercera División. Y, al mismo tiempo, un club ibicenco que estuviera a ese nivel debería nutrirse de jugadores de la isla”. Juanjo Bertomeu va más allá y cree que para la cantera insular sería muy positivo contar con un club asentado “como mínimo en Segunda B”. “Y que se acordara de los jugadores de la isla, claro, en la medida de lo posible”. Bertomeu se recuerda de niño yendo con su padre al desaparecido Estadio de Sarrià para ver los partidos del Espanyol y cree que no hay mejor manera de inculcar la pasión por la pelota en los chicos. “En un partido de auténticos profesionales ves cosas que se escapan cuando ves el fútbol por la tele. Notas la tensión, la emoción, la intensidad. Observas mucho mejor los movimientos sin balón, cómo se actúa en los banquillos, el comportamiento de los árbitros… Sé que es difícil, mucho, pero me encantaría ver a algún equipo de Ibiza en el fútbol profesional. Creo que todos saldríamos ganando”.

1 Comentario

  1. Dejar de vender la moto ya por favor, tanto penya blanc i blava y portmany habeis fichado a jugadores de otros clubes desde hace tiempo atras… Que pena es ir de “formadores” y luego ir fichando a jugadores de otros equipos para ir a ganar las respectivas ligas y sabeis que lo estais haciendo. El futbol en la isla cada vez da mas pena, y todo esto pasa por culpa de los clubes que aceptan a entrenadores que traen consigo 5 o 6 jugadores… un poco de autocritica por favor!!

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